Política e Intervención, Posición del Analista

Quise comenzar con esta cita como efecto de retorno de mis propias huellas allá por Collalbo, no por el mero ejercicio de la memoria, sino por el encuentro allí en ese párrafo con los términos intervención, ética y política, en las reflexiones que nos...

Lic. Francisco Luzza

 

 

 

Seminario Intervenciones en la Clínica Psicoanalítica - Política e Intervención, Posición del Analista - 16 de Julio de 2003

 

 

“Las intervenciones que sobre nuestras recíprocas

transferencias nos enlazan deberán responder

al sostenimiento de una ética, que como política,

no entronice las servidumbres yoicas que

matan el futuro y nos responsabilice de los actos

que producimos.”

Francisco Luzza. Collalbo 1995

 

 

Quise comenzar con esta cita como efecto de retorno de mis propias huellas allá por Collalbo, no por el mero ejercicio de la memoria, sino por el encuentro allí en ese párrafo con los términos intervención, ética y política, en las reflexiones que nos ocupaban por entonces como institución y además por su resonancia con lo actual en el sesgo del tema que me ocupa y nos ocupa hoy.

Intervenciones en la clínica psicoanalítica y sus vectores o guías en la lógica de la cura y en el recorrido en la política institucional.

 

De comienzo quisiera situar un punto de intersección entre estos dos vectores que ubicaría en la posición del analista frente a la ley y al espacio de legalidad, de juridicidad en que su práctica se despliega

 

Partimos de una idea que es la ubicar la intervención, en su gama de posibilidades, como el modo de accionar, en nuestro hacer, en la transferencia.

Transferencia que soportamos y de la cual somos soporte en la práctica con nuestros pacientes y en la relación al trabajo con los otros en nuestra institución.

 

Hablar de política y de las múltiples resonancias que su sentido adquiere es un problema complejo y amplio, mi punto vista no podrá ser mas que parcial, pero deberá entenderse como un efecto de lectura y las ideas que comparto con Uds. hoy, que espero sirva para articular algunos intercambios a futuro, como una consecuencia de dicha lectura.

 

Voy a partir de dar por descontado el supuesto de una separación del concepto de política en general del concepto de política en psicoanálisis.

Dicho descuento no es por considerar que sea un tema cerrado o acabado sino para obtener un grado de operatividad en esta exposición.

Aún así quiero recordar la idea aristotélica de pensar la política o mejor dicho lo político como todos los asuntos que se refieren a la ciudad, la polis, lo público.

Esto es para, salto cualitativo mediante, ubicarnos en nuestra pequeña polis que es AEPA como institución.

 

Me parece que con relación a la política en psicoanálisis podemos considerar tres niveles posibles para comenzar a discutir.

 

El primer nivel se corresponde con lo que llamaríamos lo relativo al malestar en la cultura y la sociedad en la que desarrollamos nuestra práctica.

 

En este nivel ubicamos las marcas de la época y sus huellas en la producción de las subjetividades, el modo del lazo social imperante efecto de la política en sentido general y el grado de lectura de los psicoanalistas con relación al horizonte concreto de realización de su práctica.

 

No deja de ser sorprendente que desde un texto tan temprano que es La Familia (1938) Lacan ya alude a la política como tema de reflexión en su pensamiento en la medida que según la tesis allí expuesta, las catástrofes que se presentan en la política son un efecto de la declinación de la “imago” paterna.

La historia de la civilización desde allí hasta nuestra época parece restituir su valor a tal apreciación.

 

Por otra parte creo que es deber de todo psicoanalista reflexionar sobre los rasgos del momento histórico de nuestra cultura para ubicar lo que de huella, marca y efecto afectan al sujeto y al psicoanálisis en la vigencia de su trabajo, incluyendo tanto los límites como las condiciones de su posibilidad.

 

Como decía Heiddeger “el hombre no podrá llegar a saber que es eso que está vedado, ni podrá meditar sobre ello mientras se empeñe en seguir moviéndose en la negación de su época”. Ya Freud en sus escritos llamados “sociales” es el mejor testimonio de esta posición.

 

El segundo nivel para pensar esto de la política es la introducción de la política dentro del discurso psicoanalítico, es decir todo lo relativo a la posición de los analistas con relación a las organizaciones psicoanalíticas y a los modos de vinculación o lazo institucional que confieren marco de legalidad y autorización a su lugar. Por supuesto este nivel incluye la historia del psicoanálisis y la historia de las políticas en el psicoanálisis.

Aquí es como AEPA como institución psicoanalítica define su pretensión clínica y el lugar dado a ese trabajo en la formación de analistas.

 

El tercer nivel para pensar la política se refiere al campo de los tratamientos. En su texto la dirección de la cura y los principios de su poder Lacan dice “el analista es aún menos libre que aquello que domina estrategia y táctica : a saber su política, en la cual hará mejor en ubicarse por su falta en ser que por su ser”.

Lacan hace uso aquí de la tripartición estrategia-táctica-política dentro del marco de la dirección de la cura. Su propósito es situar la interpretación a nivel de una táctica específicamente clínica, es decir un procedimiento, maniobra o intervención en la dirección de la cura. Tampoco Lacan dudará en calificar como político el pensamiento y la argumentación a cerca de las metas de la cura analítica, es decir todo lo relacionado con el fin de análisis, el pase y la autorización del analista.

 

La política para la cura se puede decir que abarca y designa tanto los objetivos de la formación de analistas como el desarrollo, sostenimiento y fin o final de la cura, por eso estos temas también se incluyen dentro de este tercer nivel para entender la política en psicoanálisis

Como apreciarán estos tres niveles se anudan, se imbrincan y por lo tanto afectan, nos afectan.

 

De estas afecciones quería destacar algunas que a mi entender nos sitúan en nuestro devenir institucional.

 

En cuanto al primer nivel podemos mencionar: la pérdida de credibilidad de las instituciones, la crisis de representación, la alteración del orden económico, la pérdida de peso del valor de la palabra, la primacía de la imagen, el ocaso de los modelos de profundidad, la sofocación de la pregunta por la causa, la desinvestidura del otro semejante y el quiebre de la referencia a la ley como modo peculiar del lazo social en que el discurso de la cultura política de nuestra época nos depara a todos.

 

En cuanto al segundo nivel de cómo entender la política, allí donde el lazo o sociedad de analistas reclama su porqué y su pretensión de especificidad es donde ubicamos el marco de legalidad que da existencia a AEPA.

 

Ya el año pasado como aporte de lectura institucional se señaló en este seminario a cerca de las detenciones en las dialécticas estamentarias y los consecuentes “impasses” en el pase.

 

Algunos efectos de estas detenciones perjudican la dinámica institucional fundamentalmente en lo que respecta a lugares, funciones y ejercicio de responsabilidades en el sostenimiento de un proyecto con otros en el recorrido de nuestra formación.

También en el plano de la toma de decisiones hemos modificado nuestro lugar de residencia física y también hemos variado la estructura económica de nuestros intercambios para el sostén material de nuestro proyecto.

 

Todos estos elementos ponen en vigencia lo que los decires institucionales sancionan como contrato institucional.

 

En cuanto al tercer nivel, aquel que nos pone en relación con la política de los tratamientos también se anuda como hilo privilegiado lo contractual, el cómo y desde donde intervenimos, cómo articulamos lo que decimos que hacemos con los fallos en ese hacer, como sancionamos los cortes o las interrupciones, en definitiva con el manejo de las transferencias que conducimos, las curas que dirigimos.

 

Al respecto quería ubicar aquí una cita de Lacan del texto dirección de la cura “... consiste (la cura) en primer lugar en hacer aplicar por el sujeto la regla analítica, o sea las directivas cuya presencia no podría desconocerse en el principio de que se llama “la situación analítica”, bajo el pretexto de que el sujeto las aplicaría en el mejor de los casos sin pensar en ellas.

Estas directivas están en una comunicación inicial planteadas bajo forma de consignas de las cuales, por poco que el analista las comente, puede sostenerse que hasta en las inflexiones de su enunciado servirán de vehículo a la doctrina que sobre ellas se ha hecho el analista en el punto de consecuencia a que han llegado para él”.

 

Verdadera cita de Lacan que enfatiza el tema del contrato y el punto de consecuencia para el analista. Aquí se impone la pregunta ¿los miembros de AEPA toman en cuenta el punto de consecuencia al que han llegado en lo que dicen que hacen de su quehacer?

 

Considero que la elaboración de estos puntos de consecuencia es la llave para ubicarnos eficazmente frente a la clínica y sostenernos en el proyecto institucional de AEPA.

 

Como verán estos tres niveles de los que les hablaba se entrecruzan entre sí y elegí un sendero que los atraviesa que es el tema de la ley y la legalidad con relación a la posición del analista y los campos de su acción.

 

En algunas oportunidades hablando con otros colegas de la política institucional, cuando ubicamos el tema de la posición del analista nos encontramos pensando sobre la articulación posición-disposición.

¿A qué está dispuesto un analista? ¿A qué debe estar dispuesto un analista?

¿A qué están dispuestos los miembros de AEPA?

Seguramente estas preguntas no tienen una sola respuesta, ni siquiera un único modo de ser respondida, pero creo que el trabajo de esa respuesta implica la posibilidad de un acto singularizante de cada uno para con los demás.

 

El tema de la disposición o las desventuras de la disposición me llevó a servirme de otros discursos, en este caso y al tono de mis comentarios anteriores, al discurso del derecho.

El derecho ubica a lo que ellos llaman el “affectio societatis” como el elemento específico y esencial a todo contrato de sociedad.

Así algunos definen el “affectio societatis” como “la voluntad o intención de asociarse que encierra la voluntad de colaborar en forma activa en la empresa común. (lo que lleva incito el deber de lealtad del socio)”.

Para otros autores “es la voluntad de las partes de comportarse como socios en un pie de igualdad moral y participando todos en las pérdidas como en los beneficios de la sociedad”.

El “affectio societatis” como elemento caracterizador de las sociedades fue heredado por la legislación argentina de la francesa, resaltando la figura de Vélez Sarfield autor del código civil en 1871.

 

Esta pequeña disgresión del orden del discurso del derecho es un pequeño soporte referencial, que lectura mediante, nos hace llamar la atención sobre esta idea de cómo está y/o donde está “nuestro” “affectio societatis” como analistas en la especificidad que el tipo de lazo social que plantea AEPA y que a todos nos compete.


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