Deseo y estructura

Por la Lic. Sandra Vieira. Presentación en el seminario del Comité Científico de AEPA “El deseo en la clínica actual. Deseo y estructura”.

“…y la historia es una red y no una vía”

Jorge Drexler. Madrid. 2001

 

El deseo humano, no está directamente implicado en una relación pura y simple con el objeto, sino con una posición adoptada por el Sujeto en presencia de dicho objeto y nada se agota en la relación con este. El deseo se enlaza sobre otro deseo, no sobre un objeto, así decimos el deseo es el deseo del Otro

Es siempre, metafóricamente hablando, deseo de otra cosa. Se encuentra ligado a la relación con el Otro aun presentándose como deseo inconsciente que como tal siempre es infantil sexual y reprimido.

El deseo resiste, se escapa, se esfuma, se esconde y se muestra a la vez en los lapsus, los sueños, los síntomas que nos dan cierta pista por donde anda…

Ahora bien de cómo se las ve el sujeto con su deseo podemos verlo en las distintas estructuras clínicas, más allá que como común denominador del deseo humano, el deseo sea el deseo del Otro. En esta oportunidad nos ocuparemos del neurótico obsesivo.

El obsesivo esta siempre pidiendo permiso, ocupándose en restituir al Otro, quedando en la más extrema dependencia con respecto a él.

Se presenta como un Sujeto con toda clase de impedimentos, inhibiciones, temores, dudas, toda una serie de síntomas que no hacen más que detener, en todos sus sentidos, el movimiento, retrasarlo, postergarlo. Así el paso a la acción esta impedido y en su lugar la inhibición, el acting out, cuando no el pasaje acto, como modo de elaboración del Sujeto deseante ubicado como objeto de deseo del Otro. De allí sus padecimientos ante el requerimiento de una misión que no puede llevar a cabo.

Para la histérica el deseo es deseo no de un objeto, sino de un deseo que se mantenga insatisfecho y desde aquello que el Otro desea.

Para el obsesivo el problema es reconocerse con respecto a su deseo. Así, a medida que va acercándose a él se desvanece, se amortigua resolviendo la evanescencia de este produciendo un deseo prohibido. Le hace al Otro sostener su deseo precisamente mediante la prohibición del Otro.

Intentare mediante un ejemplo dar cuenta de estos vaivenes del obsesivo con su deseo enmarcado en los significantes que hacen de su historia una historia singular para él, más allá de épocas o actualidades. Marcas de una historia siempre actual, siempre vigente en la constitución subjetiva de cada quien… De lo que podamos hacer con esas marcas será su devenir como sujetos, y también nuestro lugar, con el deseo de analistas, en el sostenimiento de una ética que no se ocupara de hacer ningún bien…

Raúl, 26 años. Llega a la consulta a unos tres meses de dejar su lugar de residencia en un país de Latinoamérica donde había vivido desde los 14 años, cuando al morir su madre, su padre, vino a buscarlo. Podría haberse quedado con sus hermanas, 15 años mayores que él, pero su padre no lo permitió. Su hermano mayor, desde los 18 años también vivía en el exterior.

Había regresado a continuar “lo que había dejado”, realizar un postgrado que le financiaría su hermano, “ejercer” su profesión, sus amigos, sus recuerdos.

Consultaba porque sabía que no iba a ser fácil, que solo “no iba a poder”. Necesitaba ayuda para no regresar a la casa paterna. Quería en las sesiones “prepararse para las entrevistas laborales.”

Sufría casi semanalmente los embates de su padre quien lo llamaba por teléfono provocándolo a que vuelva…“que aquí no iba a ser nadie, que tenía todo allá y lo desaprovechaba, que este país de mierda, lleno de estafadores, etc., etc. etc.”

En la transferencia, la analista ocuparía el lugar de garante, un reaseguro para el paciente en poder llevar adelante sus proyectos.

En un estilo rígido, cerrado, de pocas palabras, esquivo en sus respuestas, con cierto tono por momentos desafiante, comenzó a contar su historia, como relato aprendido y sistematizado. No aparecía alguna emoción, no se conmovía con ninguna intervención e interpelaba, “Eso que tiene que ver… ¿y? de esto yo ya hable tantas veces…si, ¿y?”

Su madre, psicoanalista que no había tenido “suerte” en la profesión lo había “adiestrado” en ciertos saberes, dichos…Comentarios e ideas no escapaban a sus racionalizaciones, a cierta forma intelectualizada del decir, astucia de la que se vale el neurótico para no querer mostrar nada de su angustia, de la emergencia de esta ante el deseo que parecía en principio presentarse como inhibido, impedido.

Raúl decía “no poder” con las mujeres, que no le daban bola, que daban muchas vueltas, que no entendía su juego.

En el plano laboral le ocurría algo similar. No conseguía empleos de su profesión. Se presentaba a las entrevistas solo con pretensiones. No exponía sus conocimientos o experiencia, enojado decía “Que tanta historia, que miren el currículum, el titulo... y además… si total va ser como ellos quieran”. Aquí el Otro se le presentaba como alguien todopoderoso que podía disponer de si dejándolo sin alternativas, inmóvil. Además su estilo arrogante, desafiante, daba cuenta de la posición narcisista bajo la cual nada estaba dispuesto a poner en juego.

La profesión, las mujeres… ¿lo que había dejado?

“En Buenos aires ahora es distinto. Hay que hacerles el verso y yo ni ahí, ese jueguito…no, me da fiaca”.

Cuando alguien le gustaba se repetía el mismo circuito… “Pensar, querer que pase”, “denso” consigo mismo. Pensar que no dejaba paso a la acción. Lo que “quería”, “el objetivo”, para luego enojado, comenzar a perder interés, desvaneciéndose así su deseo (¿deseo?) , hasta que otra vez volvía a entusiasmarse con una nueva “chica”.

Fue necesario ir trabajando una y otra vez que estaba dispuesto a poner a jugar para lograr aquello que decía que quería. Que con fiaca no iba a lograr nada. Que él no ponía el cuerpo, no jugaba- ni siquiera jugaba- con la ilusión de no perder y que no se estaba dando cuenta que así solo perdía.

Raúl anulaba la ganancia evitando la posible pérdida a consecuencia de abdicar su deseo

“¿Y ?…¿qué tengo que hacer? Yo no sé cómo se hace, que se dice. ¿Qué hay que hacer para tener una mina? ¿No alcanza conmigo que tengo que ponerme a pensar estrategias? Es como cuando busco un nuevo trabajo, ¿porque me van a elegir a mí si pueden elegir a otro mejor? No se…¿o es que tengo que ser un poco mas chanta yo?

Raúl solo podía estar con prostitutas, “ahí está claro lo que quieren, yo no tengo que hacer nada más que pagar y listo... y cada tanto…gasto y…algún gustito me doy”.

Gastito, gustito que le dejaba un sabor amargo, después llegaba a sesión y decía sentirse más solo. Empezaba a aparecer la angustia. Sus amigos salían con chicas, tenían novias…y el siempre igual…

¿Y Ahora?

No estaba mama que lo “adiestraba” en ciertos dichos…

No estaban “mis hermanas mayores” que consentían cualquier capricho.

No estaba “mi hermano el más grande” que “me pone todas las fichas “

Pero… estaba papá, preguntando, imponiendo “¿y qué pasa?, chicas, chicas. ¡Dale! ¿Cómo te va con las chicas? ….”

De su padre además decía tener recuerdos “pocos agradables”. Dichos al estilo de “Uds. lo van a hacer puto a este chico, tanto mimosearlo. No va a saber tratar a las mujeres. Mejor me lo dejan a mí, yo le voy a enseñar” o más tarde… “Tené cuidado vos pibe ¿eh?, las mujeres son todas iguales, lo único que les importa es tu plata”. No dejando de hacer alardes además en sus relatos de sus conquistas amorosas. Claro que también Raúl lo recuerda en más de una oportunidad buscando mujeres sí, pero alcoholizado y haciendo el “ridículo” ante sus amigos. “El tipo se hacia el galán con mis compañeras de colegio…me daba una vergüenza…un día se empezó a hacer el vivo con una minita que yo tenía…, que vergüenza, me quería morir”

El padre se radico en el exterior cuando el paciente tenía unos 4 años, sin embargo durante bastante tiempo cada vez que volvía a Buenos aires estaba con su ex esposa, a pesar que ya había vuelto a formar pareja con una empleada domestica, hoy abogada, de la cual tiene una hija adolescente. De niño el paciente viajaba, todos los veranos, al igual que sus hermanas a quienes en un viaje el padre les robo los pasaportes para que no pudieran volver con la madre. Este “secuestro” del padre para este no tuvo consecuencias legales…. Como tampoco la herencia que le “robo” a su hijo. Cuando murió la madre la casa, que el abuelo paterno había donado en vida como bien de familia, se vendió y el padre se quedo con el dinero que le correspondía a su hijo.

A pesar de sus reclamos Raúl no ha logrado que el padre le pague esta “deuda”, apoderándose de él un marcado sentimiento de “injusticia”, de impotencia. “¿Y qué puedo hacer con el tipo este…? ¿Lo tengo que matar?

Padre gozador, que secuestra a sus hijos, que a pura omnipotencia narcisistica rivaliza con su propio hijo, que lo degrada, lo anula, lo impotentiza, se burla de él y sus proyectos, le sigue dando órdenes, y además lo estafa, traiciona su palabra. Lo excluye de la herencia, de la que el mismo no pudo simbólicamente apropiarse.

No ejerce acción del don hacia su hijo, no habilitándolo a ser poseedor del falo. Padre ridículo del cual avergonzarse…su palabra solo autoritaria lo saca del circuito deseante. No es palabra ordenadora que permite la emergencia del deseo sin que este se le presente como amenazante.

¿Cómo poner a jugar su deseo, hacerlo propio, allí donde su padre le ordena que hacer, según sus intereses, no dejándolo más que como un capricho, objeto de su propiedad? ¿Cómo identificarse a los emblemas de este padre que se pone en ridículo ante una mujer sin el riesgo de ser también el mismo un ridículo? ¿Cómo acceder a una mujer si pareciera que con su mamá o sus hermanas los mimos y caprichos están garantizados? Tarea difícil la de superar a un padre gozador, que tiene todas las minas, que no reconoce ley ni consecuencias, y pasar de “ser” el mimoseado a “ejercer”, poner a jugar su virilidad, titularizarse, sin que para ello sea ineludible convertirse en un estafador

Palabras, dichos, restos que configuran escenas que lo remiten al lugar de falo materno dificultándole el acceso al tener. Fijación en objetos incestuosos de la primera infancia, resultando así la impotencia psíquica.

El volver a vivir con su padre, además en la adolescencia, volvió a poner al rojo la rivalidad edípica, los sentimientos hostiles, el miedo, la angustia con el consiguiente aislamiento en cuanto a nuevos lazos, quedando imaginariamente a expensas de este padre, atrapado como botín de guerra.

Han pasado ya 4 años, con dificultades y tropiezos Raúl ha logrado sostenerse aquí, en la Argentina y en su análisis.

Entre quejas y malestares, pero menos enojado y refractario a las intervenciones de su analista, con importantes avances en lo profesional Raúl esta pudiendo relacionarse con “chicas” jugando algunos juegos de seducción y disfrutando a la vez con ellos. También está comenzando a escucharse…

- “Yo me doy cuenta que algo voy a tener que hacer…así no puedo seguir… solo…Necesito una mujer… una historia…un amor de algún tipo, …de algún tipo si…

- De algún tipo…

- “Uhhh. Que loco, que dije…mmm…¿qué tipo?¿ mi viejo ? ….Mmmm…lo dije ¿eh? si…uff! Me escuche. Un tipo…, de algún tipo

Actualmente Raúl está interesado en la ex novia de un amigo, empleada domestica...oriunda de aquel país de Latinoamérica… Sueña, frecuentemente que “hace el amor” con alguien que le gusta despertándose angustiado.

 

Lic. Sandra Vieira-Julio de 2008


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