Qué linda manito

Por la Lic. Sandra Vieira, eje temático anual “De la fantasía al fantasma, un recorrido en la experiencia psicoanalítica”. “Qué linda manito”

Que las fantasías infantiles guardan importante relación con la vida sexual adulta, es algo que Freud nos ha demostrado en el análisis de innumerable cantidad de casos.

Lo vemos a diario en nuestra clínica a través de los lapsus, los fallidos, los síntomas, distintas manifestaciones, formaciones del inconsciente que muestran a la vez que ocultan, que allí algo del deseo se expresa, deseo que como tal es sexual, inconsciente y reprimido.

Todo Sujeto el cual se halla inmerso en distintas escenificaciones fantasmáticas no hace más que enmascarar aquello a que lo llevan incesantemente sus pulsiones.

Veamos cómo se las arregla Silvana para no querer saber nada de ello. Pero “Ello” es justamente por donde se entreteje la trama en la que deviene Sujeto, un Sujeto histérico que no hace más que mostrarnos en sus producciones algún enlace con estos fantasmas pretéritos de la primera infancia.

Silvana. Hoy 29 años. Llega a la consulta con 19. Según sus dichos “por curiosidad, para estar mejor”.Comienza quejándose de sí misma, de celos que reconoce como exagerados, lo cual le trae dificultades con su novio….ocurre que siempre teme, aunque sin motivo aparente… perderlo.

Es la hija menor de un matrimonio de tres hijos, sus dos hermanos varones de 10 y 11 años más que ella. “Casi hija única” dirá ruborizándose.

En el relato de su historia marca dos situaciones a su entender fundamentales:

La homosexualidad de su hermano mayor, la cual hacía poco menos de un año conocía, y que su madre, contando ella con aproximadamente cinco años de edad, se fue de la casa por un tiempo, unos cuatro meses, con su propia madre. El motivo de esto fue la negativa de su padre a que la abuela viviera con ellos. Expresa “No sé como mi mamá pudo irse y dejarnos…, a mí sobre todo, que era chiquita y la necesitaba, le importó más su mamá que nosotros sus hijos”.

En relación a su hermano relata que se fue a vivir a la edad de 18 años con un amigo, y que prácticamente no iba a la casa a visitarlos. Ella no entendía por qué, creía que por las discusiones con su padre. Ante sus preguntas recibía, fundamentalmente de este, respuestas al estilo de “Eso no es asunto tuyo” “Vos no tenés nada que ver con esto”. Por su parte el hermano menor respondía con evasivas a sus preguntas.

En el relato de estas escenas manifiesta un claro sentimiento de exclusión, sentir que “la dejan afuera” con una marcada sensación de angustia al relatarlas. Sentía que la trataban como una tonta “una nena que no entiende nada”. Se recuerda mirando, a escondidas, por la ventana de la cocina “a ver si pescaba algo” cuando los mayores se “juntaban” a charlar después de la cena.

Muy apegada a sus padres, pendiente todo el tiempo de ellos, de las peleas, con sus consiguientes reconciliaciones, salidas, posibles vacaciones, de si la invitaban o no….si podía o no estar allí con ellos. Al mismo tiempo no hacia más que darles cuenta de cada acción en su vida. Los hacía participes de situaciones cotidianas y de relación, tanto con sus amigas como con su novio o compañeros de trabajo, con la convicción de que si ella era “comunicativa” recibiría el mismo trato de su familia. Contrariamente, recibía de ellos más cuidado, más control, más protección, un trato al modo infantil con el consiguiente beneficio secundario de ello.

Recuerda que a los 16 años, cuando comenzó su relación con su primer novio, un compañero de la escuela, sus compañeras de curso se enojaron con ella y así fue que durante el resto de la escuela secundaria se sintió “afuera” de su grupo de pares. No fue al viaje de egresados. Bronca y malestar signaron aquellos últimos días de clase. Pocos días después aparece el primer síntoma conversivo. Se le durmió la mano, no podía moverla. Diversos estudios neurológicos descartaron algún problema físico. Al principio del relato de este síntoma Silvana no hacía algún enlace posible con su padecimiento. Fue comentado en análisis como un dato más. Algo que le había aparecido aquella vez sin que volviera a repetirse pero que sus padres, incluso bastante tiempo después, seguían temiendo que se repitiera, lo cual hacía que incrementaran el cuidado hacia ella.

En todos estos años de tratamiento puedo ubicar distintas escenas donde este “me dejan afuera”, “quedarse afuera” aparecía una y otra vez en los distintos escenarios donde iba transcurriendo su vida. Al principio angustia y desazón eran los sentimientos predominantes, acompañados de desconfianza, recelo. Más tarde estos sentimientos fueron dando paso a la bronca, al enojo, donde la reacción terminaba siendo “un portazo” e irse, quedando así sí, fuera de la escena.

Cuando comenzó la consulta había conseguido su primer trabajo. Poco a poco fue ascendiendo y acorde con la finalización de sus estudios universitarios, logró finalmente un puesto de coordinación. “Mano derecha de su jefe” según palabras de este, no terminaba de sentirse así.

Celosa de otros integrantes del equipo de trabajo, que podrían ser incluidos en distintos proyectos laborales sin que se pidiera su opinión, decía: “Si yo soy la coordinadora…y no me pregunta, al final me deja afuera”.

En el jefe, quien lleva el mismo nombre que su padre, reedita en algún aspecto la relación con este. Imagina que como aquel la excluye de la escena.

Un tema recurrente en Silvana son los celos a sus parejas. Actualmente, y desde hace cuatro años está de novia con un compañero de trabajo, con el proyecto de vivir juntos y comprar un departamento. Sin embargo, cada tanto se le presentifica alguna situación donde sin motivo aparente siente celos. Celos de alguna compañera de la oficina con la que lo puede ver hablando, de alguna hermana que se entera tiene un amigo, con el consiguiente temor “Que quiera irse con ella y dejarme a mi”.

Más o menos para la misma época de concreción de estos proyectos, ingresa a su oficina Gisela. Una joven dos años menor que ella, aún no recibida, pero rápida, entusiasta, simpática con todo el mundo, bastante efectiva en su trabajo. No goza de la estima de Silvana desde el primer momento. La consideraba inteligente sí, con experiencia previa, pero “agrandada, que cree que se la sabe todas”. Presagia que será difícil la convivencia con ella en su equipo... A poco de su ingreso efectivamente comenzaron los problemas. Que no respetaba sus indicaciones, que todo lo que ella le decía lo refutaba, que no respondía a lo que le pedía, que la pasaba por encima y sólo atendía las órdenes del jefe…que… “quién se cree que es, que recién entra, que yo llevo acá nueve años”, etc. etc. etc.

Se acercó a su jefe, intentó ponerlo al tanto de la situación recibiendo como respuesta un “Ay Sil, trata de llevarte bien…. Mirá que tiene experiencia y es muy capaz, eh?” Booommm, primer estocada….la otra aparece en escena y es valorada por el Otro, su jefe aquí, que no parece dispuesto a elegirla…. “A pesar de todos estos años a su lado, de tanta dedicación.” Su lugar de “única” conmovido. No lo toleró. Volvió a pensar en la posibilidad de cambiar de trabajo. Volvió, sí, porque a poco de recibirse tuvo algunas ofertas laborales que luego de algunas vueltas no aceptó. Prefería quedarse allí, que conocía, la conocían y si bien evaluaba que su crecimiento profesional en esa empresa era bastante limitado, se sentía “cómoda”. - Como en casa….dije.

Concluyendo el año Silvana y, Ramiro, su novio, concretan su proyecto de convivencia. Se la notaba muy contenta, entusiasmada, despreocupada de las cuestiones laborales. La relación con el novio era cada vez mejor y además en casa estaban “todos contentos con los progresos”. Una tarde falta. Se encontraba descompuesta. Había vomitado desde el día anterior. Previo a esto se había mareado y luego paralizado la mano, no podía moverla. Había vuelto aquel síntoma de la adolescencia. Al preguntarle por alguna ocurrencia posible respecto a esta “descompostura” sólo refería que estaba ansiosa por la mudanza, muchos cambios, que estaba logrando algo esperado desde mucho tiempo atrás, etc. Agrega, sin embargo, que el fin de semana había peleado con Ramiro, en ocasión de una fiesta de fin de año, de amigos, los de él, aclara.

A esa fiesta había concurrido la ex - novia. Amiga del grupo de amigos. Silvana se puso mal. Sintió inmediatamente celos, no podía dejar de mirarla, era linda, tenía el pelo lacio, la ropa sexy que llevaba, si miraba a Ramiro, pero fundamentalmente si él la miraba a ella. A poco de iniciada la fiesta pidió primero, exigió después…irse, lo cual terminó en una pelea. Se fueron a dormir enojados, sin hablarse y al día siguiente aparecieron los síntomas.

Al preguntarle por los sentimientos ante esta situación expresa “No sé, tengo celos, la veo ahí y no lo soporto….pienso que él puede dejarme….que pueda querer volver con ella y yo me quede sola” Agrega…“No sé que me pasa, yo sé que es su pasado. Creo que me pone loca que no sé qué pasó ahí, que no estuve ahí…y no sé, claro…y no sé qué sentía, y podría estar sintiendo lo mismo si la ve, aún estando conmigo y entonces me deje y yo quede fuera de su vida. Toda la fiesta fue un horror para mí….había otros que no conocía y hablaban, recordaban viejas épocas del secundario y yo, yo me sentía sapo de otro pozo”.

Silvana toma algunos días de vacaciones pendientes para su mudanza. A su regreso encuentra que las indicaciones dejadas al equipo habían sido cumplidas sólo en parte. Le hace un señalamiento a Gisela que termina en una pelea entre ambas, donde Silvana ofendida termina diciéndole que no es con ella con quien tiene que hablar de ahora en más. Días después se dirige a su jefe a comentar lo ocurrido y recibe como respuesta de su parte que esto es un problema que ella tendrá que intentar solucionar, ya que él no va a optar por ninguna de las dos. Que Gisela hace muy bien su trabajo y ella, por su parte, deberá ocuparse del propio, lo cual incluye el manejo del personal a su cargo. La situación concluye en que Silvana renuncia a la coordinación del equipo sin más. Comienza a buscar un nuevo trabajo.

Enojada, angustiada, que vale más lo que “la otra” hace o dice, que le creen a cualquiera, que apenas la conocen, que ella no se merece algo así, que seguramente fue ganando terreno cuando ella no estuvo, que así prefiere irse. Días después, a la salida del trabajo, un nuevo cruce con Gisela, pero esta vez en el pasillo… Más tarde, viajando para su casa se le duerme la mano…se marea, se le nubla la vista y tiene que ser asistida.

¿De qué nos hablan estos “fantasmas” de Silvana?

Hija tratada como “única”, la elegida por su compañero entre las otras alumnas de la escuela, única en su trabajo, mano derecha del jefe, no soporta la imaginarización de algún rival que la desaloje, lo cual desencadena en ella una lucha interna destructiva. El Otro se le presenta como amenazante. No se reproduce esta escena donde siempre es la única. Rivalidad imaginaria que no puede soportar, con lo cual afectada en su narcisismo, prefiere ser ella misma quien queda afuera,… mirando la escena. Se las arregla para ponerse en el lugar de la excluida. Situación de la que se queja, pero a la vez algo de la pulsión se satisface.

Este “quedarse afuera” pudiera remitirla a aquella primera exclusión, exclusión de la escena sexual, del coito de los padres, de lo que allí pasaba, extendido esto a la sexualidad de su hermano. Allí, donde curiosidad, remite a la curiosidad infantil, mediante la pulsión escópica insiste, la lleva a no dejar de intentar mirar, no dejar de intentar saber …como cuándo niña espiaba por la ventana de la cocina, - a ver que se cocinaba ahí ?-

Ahora bien… ¿qué sucede con la angustia aquí? Por qué Silvana no deja de angustiarse. ¿Que la angustia?

Si concluimos con Lacan que lo que angustia no es más que el deseo del Otro, en tanto el riesgo a quedar como objeto de goce de ese Otro, es el fantasma aquello que vela lo descarnado de la falta en el Otro. La angustia pone de manifiesto que algo de esta cobertura fantasmática no alcanza a recubrirla.

Silvana esta siempre trayendo a la escena sexual a la otra. Es ella quien no puede dejar de mirarla, de compararla consigo, de ofrecérsela al Otro, como modo de suscitar un deseo en él. Imagina al Otro completo y así, con la inclusión de un tercero imagina poder provocar la falta en él.

Podríamos suponer que además en esta otra se le presentan a Silvana aquellas fantasías que responderían a un deseo homosexual inconsciente. La otra, digna de ser mirada por ella, reeditaría la relación amorosa con su madre, aquella madre que en su ausencia despertó más aún el deseo en ella. La escena sexual primaria podría haber incitado a la masturbación infantil expresada en esa mano que hoy se queda inmóvil.

La otra, la empleada de la oficina, la ex - novia de su novio, reedita los sentimientos eróticos femeninos, y el recuerdo de la satisfacción anudada a ellos vía el onanismo de los cuales logra defenderse mediante este síntoma conversivo, propio además de la neurosis histérica.

Así, necesita de esa escena de tres para poder seguir deseando, para lograr mantener un deseo más allá de su propia madre y alejarse de ella por la vía de desear un hombre.

 

Lic. Sandra Vieira-Julio 2009


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