Las formaciones del inconsciente en la experiencia psicoanalítica

Conferencia del Lic. Mosner en el marco de las conferencias de AEPA. con el eje temático del año, Formaciones del Inconsciente.

Licenciado Jorge Mosner

Tenemos el gusto hoy de tener como invitado al Licenciado Mosner, que presentará la conferencia: “Formaciones del inconsciente o formaciones sustitutivas”. El Licenciado Jorge Mosner es psicoanalista, miembro titular de la Asociación Psicoanalítica, fundador del Círculo Freudiano y coordinador de Encuentro Psicoanalítico Hogar.

Lic. J. Mosner: Bueno, muchas gracias por la invitación. Es realmente un gusto estar otra vez con ustedes. Bueno, les voy a hablar, en primer lugar de las Unbewußten Bildungen, formaciones del inconsciente.

La paciente dice que su profesora de pintura le señaló la conveniencia de comprar un segundo vestidor, de modo tal que pudiera trabajar en uno mientras se secaba el otro. Sorprendido, le pregunto: ‘¿Vestidor?’. ‘Ah, no, quise decir: bastidor’. Como está canchera con estas cuestiones, ella, por su cuenta, se pregunta: ‘¿Por qué me equivoqué?’. ‘El otro día vi una película en la que la protagonista se besa con un muchacho en un probador. Era un encuentro secreto. Ella era la esposa de un importante funcionario del gobierno, pero se enamora de ese muchacho’. Yo le digo: bastidor, vestidor, probador. La paciente llegó a la consulta poco después de haberse casado con un hombre 15 años mayor, muy adinerado. Había tenido varios novios, pero uno de ellos fue muy importante. Debieron separarse porque él se fue con su familia a vivir al exterior, ella quería completar sus estudios, etc. Es decir, no se daban las condiciones para unirse, eran muy jóvenes, etc., había muchas explicaciones. Esto ocurrió hace unos años y ahora él regresó; volvió con su título, Master, y esas cosas, y la buscó nuevamente. Pero ella está casada con el hombre de dinero. Bueno, justamente ese dilema la trae al análisis.  Quien había inducido fuertemente el casamiento, según nuestra paciente, había sido la madre, a la que le hizo coro toda la familia: tías, hermanos, hermanas. Estas son las voces que nosotros llamamos el Superyo. En cambio, el papá permaneció  neutral; como siempre, no dio opinión. Para la madre, según mi paciente, ése era el modelo de vida: casarse con un hombre que pudiera brindarle un buen pasar. También la madre estaba casada con un hombre unos 15 años mayor: el padre de mi paciente. Ella pudo saber que la madre siempre había tenido amoríos, antes y después de casada. Incluso, actualmente, la mamá frecuenta un señor de quien dice es su socio en una actividad comercial. Pero ella y sus hermanos sospechan fuertemente que tiene una relación sentimental. En una oportunidad, los encontró en una confitería; estaban sentados en una mesa, detrás de un bastidor. La actividad comercial de la mamá y el socio es ropa femenina, prendas de vestir.

Un muchachito de 18 años, al que no puedo cambiarle el nombre, como verán, se llama Franco. Está que sí, que no, de tener relaciones sexuales con su noviecita de 16. Él ya debutó y ‘practicó’ con prostitutas, pero la experiencia que asoma tiene enorme significación. Él dice quererla mucho; es buena, inteligente, atractiva. Dice que cuando él le propone concretar, ella dice que no. Yo le recordé el viejo dicho, que cuando una dama dice que no, puede ser; cuando una dama dice puede ser, es que sí, y cuando una dama dice que sí, no es una dama. (risas). Franco reconoce a medias que la dificultad radica, más que nada, en sus propias dudas. ‘Mis padres son amigos de sus padres, ella quiere que le prometa que vamos a estar toda la vida, que siempre la voy a querer, ella tiene miedo a que después la deje, como pasó en verano y me separé. Lo que pasa es que fui franco con ella, le dije que quería  conocer otras minitas. Mis amigos estaban solteros, iban a salir de joda con un montón de minitas, y yo no quería ser un estúpido que estaba casado. Pero fui totalmente franco: le dije que yo quería conocer minitas nuevas. No pude corrobarle que vamos a estar siempre juntos…’. ¿Corrobarle?. ‘¿Cómo se dice. Corroborarle. Por hablar rápido, se me acortó la palabra.’ Rápido, por lo de corro, pero ¿robarle?. ‘Bueno, no sé, ser el primero. Ella me va a recordar para siempre. Y los padres de ella, que con la confianza que me tienen, que me dejan hasta dormir en el cuarto de ella. Tener relaciones con Lucila sería un robo’. Me llamó la atención la vigencia del tabú de la virginidad, tal como la asevera Freud en ‘Psicología de la Vida Erótica’, y la presencia de la metáfora del robo de las flores. Se diría que Franco es un paciente freudiano, como el mismísimo Freud autobiográfico, ustedes recordarán, de los recuerdos encubridores, 1899. Pero tengo que adjuntar a este breve ejemplo de formación del inconsciente algún elemento de carácter histórico: se trata de que hay otro ladrón en juego. Su abuelo paterno, tampoco puedo evitar el nombre propio, Francisco, bien les decía, el abuelo paterno fue acusado de un robo, por el que fue enjuiciado. Si bien fue sobreseído, este episodio avergonzó terriblemente a la familia. Este abuelo, por otra parte, fue muy importante en los primeros años de vida de Franco, pues hizo las veces de papá, porque el papá de Franco se ausentaba muchísimo del país, digamos por razones de trabajo. Franco, dicen, se parece en su fisonomía a este abuelo, pero él tiene una compulsión a la sinceridad, a ser Franco, a diferencia de Francisco, de quien se decía era poco sincero, muy simpático, pero engañador. Pero además, a partir de este lapsus, pudimos reconstruir circunstancias de su vida infantil. Cuado el padre se iba, él ocupaba su puesto en la cama con la mamá. Podríamos decir, como se lo dije a él: ‘le prometiste a tu mamá estar para siempre con ella; estar con Lucila es no ser franco con tu mamá’. Le había robado al padre ni más ni menos que el tesoro más grande para un niño. Por eso, no quería ser el estúpido casado. Ser casado, es decir, constituir una pareja, implicaba para Franco –implica, aún, para Franco- el riesgo de un tercero que quiera sacarle su lugar; es así como él lo vivió.

Una de las cuestiones fundamentales del pensamiento es la otredad: el otro, lo otro. Freud nos da una definición, más bien una metáfora del inconsciente, es una metáfora teatral: dice …………….., la otra escena: ‘Hay una escena escondida en la escena ante mis ojos, hay una escena en los intersticios de la escena, hay una escena detrás de la escena’. El concepto inconsciente -con sus extensiones: contenido latente, lo reprimido, etc.- es el preanuncio de los modos de pensamiento de una época que más adelante algunos denominaron postmodernismo. Paul Ricoeur denomina ‘maestros de la sospecha’ a los tres mosqueteros de la doble lectura, que pusieron los cimientos del pensamiento contemporáneo: Marx, Niestzche y Freud. Los tres plantearon diferentes formas de la otredad: algo se oculta a nuestros ojos o a una lectura de superficie, la verdad siempre está disfrazada, cauda y verdad son ajenas al pensamiento de masas. Con esto quiero decir que Freud no aparece solitario en el horizonte del pensamiento. Queremos significar que el pensamiento, en un sentido amplio, los modos de pensar, las preguntas, son epocales. Y también las formas de acceso al saber  en el tejido y entretejido de las cosmovisiones. Desde Marx, Niestzche y Freud, vivimos en una cosmovisión donde siempre hay otra cosa; digamos que hemos aprendido a sospechar. Con Marx sospechamos de la economía y de la historia. Con Niestzche sospechamos de la cultura, de la moral, de la religión, de los filósofos. Y con Freud, para decirlo con excesiva brevedad, sospechamos del lenguaje. Observamos que se dice otra cosa de la que se dice, o, como lo prueban las formaciones del inconsciente y las sustitutivas, hay un otro, a punto tal que Lacan dice: ‘el inconsciente es el discurso del otro’. Otro habla en mí, otro habla por mí,   otro me interrumpe, otro me murmura, otro me gobierna. Por supuesto que tenemos una extensión importante en Freud con el concepto de ello. Claro, no es que  en la antigüedad los pensadores no sabían de estas cosas del lenguaje, de estas ambigüedades. Por el ejemplo, en ‘El arte poética’, de Aristóteles, encontramos expresiones que revelan saber acerca de este saber del otro; por ejemplo, la noción de hiponoia, que quiere decir hipo, abajo – noia, conocimiento, que viene a su vez de gnos, inteligencia; quiere decir entonces: conocimiento de abajo. Y es una expresión que se refiere a que el lenguaje transmite otro sentido. El otro término –muy cercano y más conocido por nosotros- es alegoría, que está construida por otro y decir, es decir, un decir otro, un otro decir, un otro decir dice por mí. O sea, los griegos sabían. Pero ahora, ese saber otro tiene más jerarquía. Así lo señala Foucault en un texto que justamente se llama ‘Marx, Niestzche y Freud’; se trata de una nueva hermenéutica del sujeto, un sujeto que ya no es el ego, que el modernismo cartesiano situara como gobernador de su realidad. Es un sujeto descentrado, es un sujeto que había sido erradicado de la ciencia objetiva, es el sujeto que le hace burlas a nuestro digno yo, le hace chistes, lo hace trastabillar, le impide brillar con todo el brillo con que el yo ideal querría brillar. Brevemente, qué aúna y qué diferencia entre las formaciones de compromiso a las formaciones inconscientes y las sustitutivas. Las aúna, como diría Althusser –el paciente de Lacan que asesinó a su mujer-, las aúna el mismo modo de producción; la metáfora del paralelogramo de las fuerzas, que seguramente todos ustedes recuerdan, sirve para ambas; tanto para las formaciones sustitutivas como para las formaciones del inconsciente. Lo que las diferencia es que sólo los síntomas te llevan al análisis. Los síntomas tienden a ser un poco más perdurables, no hay acceso a la motilidad, porque son para que el conflicto permanezca inconsciente, para que la escena incestuosa infantil perversa no se haga ver. Por ejemplo, la pierna afectada por la conversión histérica, con su incapacidad funcional oculta que hay un deseo de tocar al cuñado; o las piernas que quieren abrirse ante un amor prohibido. O contar baldosas para el neurótico obsesivo, que contando baldosas contabiliza, controla, cataloga, pero no puede pisar las juntas. Si pisa las juntas, hay castigo; castigo de las fantasías incestuosas que mediante esa compulsión controla.  También mediante el aislamiento, es decir, separar los sentimientos y las representaciones, que le permite a veces confesar sus pensamientos, total, está insensible a su compromiso con ellos. Es el psicoanalista que hará hablar al síntoma, es el psicoanalista que forjará los síntomas, como más adelante veremos. En cambio, en las formaciones del inconsciente, generalmente son espontáneas, momentáneas, circunstanciales, y, aunque generan un punto de angustia debido al deseo que se expresa, son liberadoras, producen gracia, risa, cierta sorpresa, son expresivas; incluso el sueño podríamos señalarlo como la primera actividad artística del hombre. ¿Por qué nos servimos del sueño, del acto fallido, del lapsus, del recuerdo encubridor, del chiste, de un olvido, del pretexto, que también es una interesante formación del inconsciente que en general ha pasado inadvertida? ¿Para qué nos sirven en el psicoanálisis? Porque la otra escena se deja allí ver, aunque sea fugazmente. Recuerden la frase de Freud: ‘el sueño es  la vía regia al inconsciente’. La formación del inconsciente trae vivencia. El paciente dice: me equivoqué; el analista dice: el otro en vos dice su verdad. No hay equivocación en el inconsciente, no hay negación, no hay pregunta: hay pura afirmación, el inconsciente es certeza. En la formación del inconsciente el yo no puede huir de un trozo de verdad que emerge; es como un mexicano ‘espalda mojada’ paseando por New York, se presenta allí y sorprende, y no hay otra alternativa que reconocer –me refiero al yo- que hay miles de mejicanos queriendo entrar a Estados Unidos. En el síntoma, el yo está afectado con sufrimiento, como veremos en los ejemplos que llamo por el momento de amenorrea e impotencia. Pero en los casos de bastidor-vestidor y corrobar, observamos cómo podemos transitar desde los lapsus linguae –en uno se trata de una metonimia, de deslizamiento de un término a otro, y en otro de una contracción, un neologismo, en el caso de corrobar-, podemos transitar desde esta vivencia, esta motilidad del inconsciente hasta el caracú del síntoma, al superyo materno esclavizante, en un caso, y una situación edípica inhibitoria en el otro.

Síntoma, psicoanálisis, curación. Los psicoanalistas estamos en deuda con el síntoma. Es gracias a él que trabajamos y nos ganamos la vida. Nadie recurre al psicoanálisis si no tiene síntomas. Los psicoanalista vivimos de eso, y no es cuestión de matar la gallina de los huevos de oro. En esto fracasan algunas psicoterapias; fracasan porque curan, atacan el síntoma y lo curan, caen bajo los efluvios del furor curandis, del cual Freud nos advirtiera. Nos advirtió contra la eficacia de las psicoterapias: hacen sucumbir el síntoma y hasta pueden ser breves. En poco tiempo los síntomas desaparecen, se disfrazan, se enmascaran, se esconden. La fuerza pulsional que se expresaba en el síntoma ahora contribuye al desarrollo de otros síntomas, o una afección orgánica, o una formación caracterológica, o a un actuar suicida u homicida, a manifestaciones psicóticas o encontronazos con lo real, todo bajo el auspicio de la compulsión repetitiva. En suma, las psicoterapias curan. En cambio, el psicoanálisis, en tanto vive del síntoma, enferma. Pero ¿qué quiere decir esta paradoja? En el camino hacia las respuestas les voy a contar un par de situaciones. (ruido, inaudible) Este es el problema de estar sentado todo el día… (risas)

Caso 1: curación ultra rápida de un síntoma. La paciente es una mujer atractiva, inteligente, de treinta y pico, casada, dos hijos, abogada. Llega a la consulta porque está muy angustiada, con conflictos con el marido, no sabe si separarse, está confundida. Tiene un amante con el que tiene maravillosas relaciones sexuales, pero no lo ama. Hace meses que está en un tratamiento ginecológico por una amenorrea, a la que no se encuentra etiología. El ginecólogo le sugiere análisis. Comienza el análisis. Clima afectuoso y de mutuo respeto… y admiración… estaba muy buena y yo tenía 30 años. Tercer sesión, o cuarta: ‘Usted es un genio; ayer, después de la sesión, me vino por primera vez en meses’. En la sesión anterior me había relatado un sueño con abejas que buscaban polen en las flores. Yo le dije: ‘desea ser fecundada’. ¿Qué es lo que le había curado de la amenorrea? ¿qué le dije? Juro con la mano derecha sobre las obras completas (risas) que no le había dicho nada, les confieso que no tenía demasiado claro la función del síntoma, y, para colmo, en aquel entonces, allá por el año ’74, no advertí que yo era un ginecólogo parlanchín, que me ocuparía de los genitales, pero de palabra. Bueno, ya saben el cuento del ginecólogo, ¿no?, el trabaja donde otros se divierten.

Caso 2: curación lenta de un síntoma. Un paciente joven, a punto de culminar sus estudios de medicina, recurre al análisis porque dice que sufre de impotencia. ‘Sí, lo intenté con mi novia y no pude. Lo intenté una sola vez, claro. ¿Acaso con una vez no es prueba suficiente de que soy impotente? Vengo exclusivamente por este problema y no quiero estar años aquí. Quiero resolver este problema y chau’. Bueno, estuvo ‘impotente’, como decía el paciente, durante meses; es decir, más precisamente, no lo volvió a intentar. Pero todas las sesiones hablaba de su impotencia. Mientras tanto, sacaba las más altas calificaciones en sus últimas materias de la facultad, y se recibía con todos los honores. Poco después de recibirse, lo intenta por segunda vez, y también obtiene altas calificaciones, pero no se fue, ya se habían presentado otros síntomas.

La amenorrea se curó por sugestión: estaba puesto el ideal en el analista genial, es decir, la transferencia obró el milagro, la expresión ‘desea ser fecundada’ eludió, por supuesto, por mí. Obsérvese que genial incluye la partícula gen, como en generar, generación, genética. Años después advertí hasta qué punto se trataba de mi deseo; por aquel entonces comenzó a surgir justamente en mí el anhelo de un hijo, y justamente –no sabía que iba a venir-, lo tengo ahí, y tiene 30 años. (risas) Puede pensar, una vez más… viste, te la podrías haber perdido…(risas)

                  : …soy el hijo……… (risas)

Lic. J. Mosner: Hasta cierto punto… te aviso que era abogada… (risas)

Puede pensar una vez más cuánto la interpretación interpela al propio analista. En el caso de la así llamada impotencia, tardó muchísimo en curarse, a pesar de que me ocupé de interpretar y de recontra-interpretar. Es decir, caí como un chorlito y estuve sumamente creativo, cosa que contribuyó a fijar la impotencia como un síntoma hablado; es decir que la impotencia se constituyó en el síntoma de análisis, el síntoma que justificaba el análisis. Mientras esto sucedía, el paciente podría ocuparse de sus estudios. Se trató de una actitud verdaderamente religiosa. Se mantuvo abstinente hasta que se casó con la medicina. Es un matrimonio que continúa; en la actualidad, es un reconocido especialista en otro país. Él no se arriesgaba; ¿el miedo a repetir el fracaso lo contuvo?, ¿no intentaba porque había prometido que si se curaba se iba del análisis?. Mil interpretaciones. Fue importante el análisis de la transferencia: le expresaba al padre una supuesta impotencia, una suerte de castración que no era más que una burla. Le hacía creer al padre que no podía. Lo engañaba mientras desarrollaba toda su potencia en otra área que no era la genital. Estas ideas posibilitaron que no hubiera chau, y comenzó el análisis del complejo del padre. Quiero agregar que, en verdad, la impotencia psico-sexual, la eyaculación precoz, y su primo menos habitual, la dificultad eyaculatoria, son más bien inhibiciones que síntomas. No me quiero detener demasiado sobre esto porque seguramente conocen la diferencia síntoma-inhibición. Solamente vamos a recordar que la inhibición es una forma de evitar la emergencia de un síntoma, y, por lo tanto, en cierto modo, es un síntoma potenciado. Algunos síntomas son mejores que el resfrío. Ustedes saben que un refrío se cura con asistencia médica en 7 días y sin asistencia médica, en una semana. Bueno, un síntoma, sin psicoanalista, suele –por supuesto, entre comillas- curar en poco tiempo; cambia, desaparece, retorna, se hace cuerpo, se hace accidente. Con analista, en cambio, tenemos para un largo rato. En general, los síntomas entonces no se mantienen como tales largo tiempo. Los síntomas transforman al yo. No es que simplemente, como decía antes, emergen momentáneamente. Transforman al yo. En el fondo, el yo no es más que síntoma. Pero la emergencia sintomática tiene un gran valor,, y también un valor benéfico, en primer lugar para los psicoanalistas. Sólo si hay síntomas recurrimos al análisis, para que este los haga desaparecer. Y el análisis se encargará de extender, intensificar, va a enfermar al paciente, porque va a desplegar el tesoro del síntoma. Porque va a permitir, si el analista se anima, a que el síntoma grite su verdad.  Entonces, la paradoja se fortifica: el analista es un forjador de síntomas. Esto lo conocen ustedes con el nombre de neurosis de transferencia.

Ahora bien, podemos ir desarrollando la cuestión del síntoma. La perspectiva clásica nos dice que el síntoma es la expresión del enfermar, originado en la represión de la pulsión. Nos dice también que el síntoma es una transacción, de forma tal que él se pone en escena, en forma desfigurada, la pulsión que fue reprimida. Y sabemos que lo que ha sido reprimido es sexual; el síntoma proviene de, y es una escena sexual. Y sexual quiere decir sexualidad infantil. En verdad, el ser humano no tiene otra sexualidad que la infantil.

Se los voy a exponer de otro modo. ¿saben ustedes de qué padecemos los seres humanos? En primer lugar, padecemos de los otros. Los otros son siempre los que joden, y, generalmente, los otros más cercanos, son los padres. Pero los demás tampoco se quedan atrás. Recuerden lo que dice Lacan, haciendo un juego de palabras: el conocimiento humano es paranoico. Que quiere decir por lo menos dos cosas: que jode, te persigue, y que viene de afuera, la para-gnoiesis. Y, como les decía antes, gnoesis quiere decir: conocimiento, que también viene de gnos, que quiere decir conocer. Ahora, les evocaré el génesis, una vez más, para que recuerden que Adán y Eva… claro, como es el año nuevo judío, viene bien… Adán y Eva fueron echados del paraíso por comer el fruto del árbol del saber, y así se jodieron, porque, hasta ese momento, no sabían nada. Saber es jodido, es siempre diabólico. En resumen, lo que jode es que los otros nos hagan saber. Ese conocimiento que viene de afuera, de los otros, y que es traumático, porque nunca estamos en condiciones de saber, nunca maduramos, el ser humano no madura como la fruta, no tiene saber instintivo post-natal. Entonces, viene el otro y lo introduce en una escena sexual, y la pobre criatura comienza a padecer de los otros, que le hacen saber. ¿Qué le hacen saber? Que la cosa es sexual, que es exactamente lo mismo que decir que es traumática, porque no estamos preparados, nunca estamos en condiciones de saber. Entonces, sabemos como síntoma. Es decir, el síntoma expresa un saber, relativo a escenas sexuales, tal como la impusieron los otros, verbigracia nuestros padres. Y esas escenas sexuales quedamos fijados para toda la cosecha. Yo diría más, todavía: para todas las cosechas. Porque estas escenas se transmite de generación en generación, e incluso salteando generaciones. Se puede decir, otra vez lacaneanamente: no hay saber sobre el sexo. Pero esto, que quiere decir varias cosas, básicamente, lo que quiero decir ahora es que lo que se nos transmite sobre la sexualidad son escenas a la que los padres, abuelos, etc., están fijados sin que lo sepan; son inconscientes, atemporales y estáticas. No hay saber sobre el sexo, no hay experiencia que se pueda transmitir sobre enseñanza; la sexualidad siempre hace síntoma.

Bueno, a eso se enfrenta la inerme criatura, esto lo traumatiza. Quiere decir que lo invade intrusivamente, lo inunda y se instala con ella, y será, inexorablemente, espejo de los padres. No hay experiencia sexual a transmitir. La sexualidad humana es un encierro en un espejo que atraviesa el tiempo de las generaciones. Todo esto de la sexualidad y el síntoma, como manifestación de una escena sexual del pasado, se puede decir también de otro modo: la sexualidad es siempre precoz, siempre viene a nosotros desde los otros y nos condena para el futuro. La sexualidad, originalmente traumática en el sujeto, abre las puertas de la libidinización del mundo.

Encontramos una enorme contradicción: aquello que impacta al yo más fuertemente es lo que se convierte en la fuente de excitación y atracción más poderosa. Pueden advertirlo en Cabeza de Medusa. Esto, incluso, es lo que ha llevado a Lacan a hablar de un deseo de castración, o, podríamos decir, un deseo de ley. Allí Freud demuestra que lo que más atrae al hombre es aquello que, en principio, lo aterroriza. El ser humano libidiniza al objeto de sus miedos. Así nos encontramos con varias conclusiones. La sexualidad humana, que toma la forma del deseo, es esencialmente masoquista. En el interior mismo de la sexualidad reside la muerte, puesto que el síntoma deriva de viejas sexualidades, de viejos sufrimientos, de los viejos. Les recuerdo que los niños no comprenden qué es la muerte; los grandes, tampoco. Freud dice: no hay representación de la muerte en el inconsciente. Y también dice –y yo le creo-: el ser humano no tolera pérdida alguna. Esto lo podemos traducir de esta manera: vivimos en un duelo imposible. Insistiré: el síntoma, en el psicoanálisis, el aspecto del síntoma que no debemos abandonar en la dialéctica en la que se presenta, es que el síntoma es la forma en que el sujeto lucha con su destino, y psicoanálisis es la única herramienta con la que contamos para modificar el destino personal.

¿Cómo pueden expresarse las escenas inmutables que me enajenan desde lo sepultado de mi ser? ¿Cómo puedo decir cuál es mi condena?, quiero decir, a lo que el inconsciente de mis antepasados, a través de los ideales del yo y de las generaciones, me han condenado como destino inexorable: mediante el síntoma. Alguien recurre al psicoanálisis porque se le hace imposible explicar el síntoma. Porque todas las razones que se ha dado en su pasión causalista han fracasado. Cuando no se tiene la buena causa que haga desaparecer la incógnita que el síntoma nos lanza a la cara, y no se tiene la buena causa, porque la causa no disuelve el síntoma; a eso, en psicoanálisis, lo llamamos angustia. El síntoma es la adivinanza de la esfinge. Ahora podemos precisar mejor: la angustia del síntoma, la angustia por el enigma del síntoma, nos lleva al análisis por la sospecha o el anhelo de que un señor o una señora que se dicen psicoanalista, nos den la buena causa; la explicación aliviante de ese padecer, que nos devele el enigma; en ello creemos que nos va la vida. El analista es un equilibrista que juega barajas: por un lado desaparece algún síntoma por su gestión, mejor dicho, por transferencia. Para que el paciente siga creyendo, un poco de angustia se le tiene que ir, si no, el psicoanalista tampoco lo banca. Y por el otro, aumentándole la angustia, porque la investigación psicoanalítica genera síntomas, reactivación de escenas sepultadas; entonces, incógnitas sin respuesta; luego, angustias. ¿Cuál es el instrumento, el aparato de disminuir la angustia, y, por lo tanto, el instrumento “anti-psicoanalítico” por excelencia? Se llama interpretación. La interpretación, en tanto que explica, da un sentido, da causa, motivación, etc., camina en el sentido inverso de la investigación psicoanalítica. Por eso también Lacan postula como intervención psicoanalítica lo que él denomina ‘puntuación’.

Vuelvo al síntoma, compulsivamente, como se debe. El síntoma es un grito de libertad, es la denuncia de mi enajenación en escenas que me han sido impuestas y en las que estoy capturado, escenas escondidas en el fondo de los tiempos. El síntoma, dicho en forma metafórica, reclama que yo sea relevado de encarnarlas. Porque el síntoma, acompañado de su correspondiente angustia, tiene dos tendencias. Una, expresiva de las mociones pulsionales bajo la hegemonía del principio del placer. Y dos, anhelo de ser suprimidas estas mociones por la hegemonía del sufrimiento. El síntoma, entonces, por un lado es goce, pero también demanda de liberación. Por supuesto, la cuestión se complejiza pues, como ya hemos visto, cómo el sufrimiento es justamente lo que el hombre desea. Pero en aquel que recurre al análisis está la simiente de la curación. ¿Qué quiero decir con esto? El paciente que llega al análisis llega en agonía, no puede dar un paso más en la vida, si eso es vida. Porque su vida está impregnada de otros, de otro, de otros, que lo esclavizan. Yo a esto lo llamo el otro fundamental o el ser fundamental.

Aclaremos un poco antes de oscurecer. Ningún paciente llega a un análisis para hacer un análisis didáctico, ningún paciente recurre a un analista por snobismo o porque estudia psicología o porque desea hacer un relevamiento historiográfico, salvo que en ello se le juegue la existencia. Jamás un paciente recurrió al análisis porque reflexivamente así lo decidió. Desde el punto de vista psiconalítico, tal como se los propongo, se llega al análisis por una crisis agónica del ser. Cuando algo en mí dice que estoy tan mortalmente atravesado por los deseos inconscientes de otros, por las escenas sexuales a las que otros me destinan, que nada queda de mi ser. No se recurre a un análisis tan largo, costoso y angustiante en método psicoterapéutico si no hay un ansia de vivir. Voy a decirlo más correctamente: llego casi muerto de ser porque soy los que me son, vivos o muertos realmente; llego al análisis porque encima o adentro, de mil modos distintos, antiguas formas de la sexualidad de mis ancestros se ejecutan en mí y no me dejan vivir. Observo eso que en mí se ejecuta y lo gozo: se llama síntoma. La factibilidad de modificación mediante el análisis implica un difícil camino que podemos metaforizar como resucitación, o, más rigurosamente, renacimiento. De cómo se efectúa ese camino, versan los así llamados escritos técnicos de Freud: cómo opera el analista, con qué cuenta, su condición de chaman, su capacidad de generar transferencias. No puedo dejar de señalar que el trabajo analítico cuenta con un obstáculo que se convierte a su vez en instrumento fundamental: lo inconsciente del analista. El analista, que es por definición sintomático y angustiado. Pero si de instrumento se trata, lo suponemos habiéndose entregado él también a una necesaria afinación. Para concluir, vuelvo sobre la idea de que nuestros padecimientos provienen de los otros, y vienen con esos otros. Cuando un paciente se nos presenta con su sufrimiento, si hemos dicho que padece de otros, nos conduce a la pregunta: ¿quién es el paciente? No hay análisis individual; un análisis individual sería la psicoterapia de los síntomas, un simple alivio de la angustia, la reconstrucción del ser en su carácter de muerto en vida, maquillaje. En cambio, el análisis es análisis de los síntomas. Quiere decir que todos los que están involucrados en el síntoma, en la escena sexual desfigurada o transfigurada, se analizan en él. Por eso los padres, hermanos, tíos, amigos, tiran la bronca: siempre tienen algo para decir del análisis o del analista. Porque la vida familiar, la vida social, ese supuesto gregarismo amoroso de los seres humanos, consiste en que mi prójimo encarna funciones que requiero de él, inconscientemente, para la eternificación de escenas sexuales del pasado. Es la vida de los muertos y los vivos que viven en nosotros. Los otros, de los que padecemos, vienen a cada sesión con nosotros, vienen los otros, instalados en los síntomas, aún cuando el paciente aparentemente entre solito a la sesión. Algunos pueblos lo tienen mucho más claro: piensan que los individuos no son más que la continuación carnal de sus abuelos, son los abuelos muertos bajo una máscara terrenal. Si esto es aceptado por el ser, si hay armonía entre los que viven en mí y mi propio ser, nada grita en mí pidiendo por un futuro, es decir, no hay síntoma. Tener un futuro significa desaliñarse de lo que en mí se ejecuta y me mata la vida. Tener un futuro significa reconocerme diferente de mis antiguos amo. Llegar al fin del análisis significa que en mí se muere lo muerto. El fin del análisis, idealmente, es un de-ser: quedar huérfano y en soledad, fuera del cementerio anticipado de la neurosis, dándole batalla a la pulsión de muerte que muda trabaja en las escenas inmutables que nos enajenan. Poder hacer más largo, propio y pleno el camino biológicamente inexorable. No se trata de ninguna disquisición filosófica, porque donde hay psicoanálisis cae la filosofía como cosmovisión. El análisis se ocupa de analizar la filosofía de vida del paciente, detecta cómo la cosmovisión –denominada filosofía de vida- es el contexto ideológico resistencial del síntoma. Se trata de advertir que el psicoanálisis dejó de ser una psicoterapia, una cosmética, para convertirse en un método, una disciplina que apunta a la modificación del ser. Se trata de que vivir y curarse en un sentido psicoanalítico significa lograr que el ideal del yo no devore nuestro ser.

…………pensamiento, no podemos descontar una situación histórica que fue crucial para el pensamiento de occidente, que fue el Holocausto. Todos  estos pensadores que mencionaba antes dicen: hay que pensar todo después del Holocausto, así que esto me parece que tiene bastante que ver con los sistemas de pensamiento epocal, ¿no es cierto? Ahí le estoy dando, sin darme cuenta, un fundamento materialista, un fundamento marxista al pensamiento. Pero fue sin querer.

Pregunta: Pensaba, en relación a lo que planteabas de cómo perdura el síntoma en análisis o puede perdurar, de cómo en transferencia se observan fenómenos que parecerían ajenos a las psicoterapias que tienen tal rapidez y prontitud para maquillar, tapar, emparchar, o desplazar, en definitiva, algún afecto oculto, que empero hay una situación paradójica en la actualidad.  Hace unos días, en Clarín, salió una doble nota central, ‘Argentina: un millón de bipolares’. El discurso médico, para ese millón de bipolares, es: “usted es bipolar, pero tome esto toda su vida que se va a equilibrar”. Con lo cual, el síntoma, bajo un discurso único, es una necesidad de mercado, a ese nivel. Entonces, e suna falacia, son espejitos de colores que lo “psicoterapéutico” (entre comillas), tienda siquiera a levantar los síntomas, porque vive de ellos, como nosotros, pero en otra direccionalidad, pensaba.

Pregunta: ¿Qué tal? Yo también te quería agradecer la presentación. Nos viene bárbaro, porque, no sé si queriendo o no, has retomado una cantidad de cosas y conceptos que nosotros fuimos viendo a lo largo del año, incluso de otras presentaciones que hubo en este año y en relación al tema. Una de ellas tenía que ver justamente con cierta dificultad que encontrábamos a la hora de dónde ubicábamos el síntoma respecto de las formaciones del inconsciente, dado que allí nos hacía bastante ruido. Vos por lo menos estás confirmando, o por lo menos dándole un estatuto distinto al resto de las formaciones…

Lic. J. Mosner: Sí…

Pregunta (continúa): …¿sí?.. aún cuando tanto en las formaciones como el síntoma guardan como una hechura parecida, ¿sí?, me parece que la dirección o el destino… me pareció interesante los ejemplos de las formaciones, en ese sesgo hasta divertido, ese carácter divertido, y el sesgo dramático, siempre, del síntoma, siempre tan denso, tan pesado…

Lic. J. Mosner: Sí…

Pregunta (continúa): …digo, este por lo menos fue un tema que a lo largo del año… sobre todo porque, bueno, son estos primeros trabajos de Freud, queda el síntoma como emparentado respecto del resto de las formaciones, por lo menos en ese primer momento, y después fueron apareciendo a lo largo también de los distintos ejemplos que nosotros fuimos aportando, que el paradigma, en ese sentido…

FIN LADO A

LADO B

Pregunta (continúa): …nos viene bien.

Pregunta: Acerca de lo que decía Emilia, de la cuestión de lo epocal del síntoma. Freud hacía el ejemplo, que cuando una histérica tosía en el internado empezaban a toser todas, entonces, hace poquito, bueno, la cuestión de los ataques de pánico era significativo. Por más de que tiene una… en la obra freudiana ya había un relato de esto en torno a las neurosis actuales, o a lo que funcionaba como angustia automática. Lo que me parece importante, tal vez, es hacer una diferenciación de lo que es propiamente síntoma, digamos, que es una definición que hace el paciente o el sujeto en torno a algo que está sufriendo, o algo que le otorga un saber al analista para ser descifrado, y lo que es la formación sustitutiva como lo que está en lugar de lo que sería tal vez la representación cosa. Me parece que funciona como lo que se arma, y lo que, digamos… el ser humano trabaja en formación sustitutiva, el neurótico trabaja así. Por eso es la idea de Freud del poeta y los sueños diurnos, eso… la idea de que no renunciamos a nada, solamente lo cambiamos por una serie de formaciones sustitutivas, como el niño cambia el juego por el fantaseo, pero, básicamente… lo que es en el adulto el fantaseo… u otra elaboración que es el humor, me parece. Y otro ejemplo que quiero dar es que esto funciona en un montón… digamos, tiene un montón de códigos. Si uno lo piensa desde las pulsiones, tiene un montón de códigos distintos. Por ejemplo, si alguien roba, puede dejar un grumus merdae por lo que ha robado, entonces hace una sustitución…

Lic. J. Mosner: ¿Puede dejar..?

Pregunta (continúa): Un ‘grumus merdae’, por lo que ha robado, entonces, justamente me parece que, en ese sentido, hay una forma tal vez de definirlo que es formación sustitutiva, en el sentido que es un elemento que sustituye al otro. Ahora, lo que es sintomático es algo en sí que tiene… o lo que es síntoma en relación… es algo que define el paciente, dice: ‘yo vengo, estoy sufriendo de esto’, y no es, digamos, una… no es, tal vez, universalizable en el sentido de un DSM4, sino que uno tiene que definir, es lo que antes tal vez cuando…

Lic. J. Mosner: No está en el DSM4, pero sí el síntoma tiene que ver con una oferta de época.

Pregunta (continúa): Claro, en ese sentido, es la máscara, tal vez lo interesante es eso, que la persona define como sufrimiento algo tal vez para otra persona no es un sufrimiento, por ejemplo, viajar en avión. Hay personas que sufren, personas que no…

Lic. J. Mosner: Claro… Antes de que pases al siguiente, y en cierto modo como para dar continuidad a lo que vos planteabas… no recuerdo tu nombre… Daniel…

Se puede armar la cuestión de formación del inconsciente, formación sustitutiva, depende desde qué lugar de la meta-psicología uno se lo plantee. A mí me sirve el siguiente esquemita. Todas son formaciones de compromiso, justamente porque tienen el mismo modo de producción. La palabra alemana, que incluso es la que usa Freud, es ……………… Bildungen, formaciones de compromiso. Que, curiosamente, en francés, se dice embarrá, embarazo. Para mí todas son formaciones de compromiso, y distingo, pero por una conveniencia, por el lugar meta-psicológico de donde lo tomo, ¿no? Formaciones del inconsciente, es decir, ……….. ………….., que para mí son estas expresiones que están incluidas en la Psicopatología de la Vida Cotidiana, y que tienen esta posibilidad vivencial, tienen motilidad, y, aún cuando necesariamente siempre hay un punto de angustia… ¿Por qué hay un punto de angustia?, porque emerge el deseo, se hace manifiesto el deseo en la formación del inconsciente. Pero inmediatamente después, es señal de alarma. Inmediatamente después, hay un placer, hay un placer en el sueño, hay un placer. Ustedes pueden observar… Salvo cuando se transforma en pesadilla, que ya es otra historia. El paciente viene: ‘tuve un sueño’, viene con un regalito, ¿no?, y piensan irse con otro (risas). Para mí, el síntoma, prefiero pensarlo como formación sustitutiva. La palabra que usa Freud es ………., y quiere decir ‘reemplazo’; es sustituir, poner a una persona o cosa en lugar de otra. Lo que ocurre en el síntoma es que no nos enteramos… digamos, no está a ojos vista, hay que hacer un trabajo. Y lo que enfatizaba y quisiera volver a subrayar es ¿por qué Freud estaba imantado –realmente estaba imantado- por estas formaciones del inconsciente? ¿por qué estaba imantado por lo que era la psicopatología de la vida cotidiana? Porque él advirtió que eran –y particularmente en el sueño- eran vías regias. ¿Pero porque se quedaba simplemente en la cuestión de un maravilloso análisis de la formación del inconsciente?: no. Por eso que traté de darles como ejemplo, y, si ustedes me bancan cinco minutitos, les recuerdo muy… voy a tratar de ser más o menos breve, les recuerdo ‘Signorelli’, que aparentemente es como el paradigma de la formación del inconsciente de la “Psicopatología de la Vida Cotidiana”. Ustedes recuerdan que se trata del olvido de un nombre propio. Freud no recuerda el nombre del pintor de la Catedral de Orvieto, de la catedral de San Brizio, y, claro, lo que se me está produciendo como interrupción es un recuerdo.. ¿cómo?

                     : ¿Podés……………?

Lic. J. Mosner: Sí, sí, pero se me estaba produciendo un recuerdo de mi propia cosecha (risas), porque, por supuesto, cuando estuve en Italia no pude dejar de ir a Orvieto, no pudimos dejar de ir a Orvieto. Y bueno, ustedes recuerdan entonces que, efectivamente, como señalabas, recuerda otro dos pintores del Renacimiento, Botticelli y Boltraffio. Y él advierte que ese olvido está bajo los efectos de algo que está recordando, que es que un paciente de una localidad suiza llamada Trafoi le  anunciaron recientemente que acababa de morir como producto de una enfermedad sexual, y que él sentía que su metodología no alcanzaba… aunque probablemente se tratara de lues, de sífilis. Entonces, en Trafoi, esto lo tenemos en Boltraffio, pero invertido… Botticelli, ustedes recordarán, final de elli, luego en signorelli lo captarán. ¿Cuál otra palabra estaba en juego, allí? Bosnia Herzegovina, que era la zona por la que transitaba. Que es muy interesante el contexto histórico. Bosnia Herzegovina era una zona que, hasta 1877, y estamos en el año 1898, en el momento en que se produce ese episodio, es decir, 21-22 años antes había sido recobrado por el Imperio Austro-húngaro, tomándolo del Imperio Otomano, que había  habido varias idas  vueltas, pero finalmente, en el año… aproximadamente entre el ’75 y el ’77, el Imperio Austro-húngaro se apodera de esa zona. Ustedes recuerdan que van, Freud va paseando cerca de la orilla del Adriático, y justamente sale de una ciudad, es Ragusa, y tiene un acompañante, en el viaje, un acompañante circunstancial, que es un abogado berlinés, que se llama ............... Es con él que –hasta ese momento un desconocido- que habla del asunto de los turcos, que seguramente todos ustedes recordarán, y que los turcos tienen una enorme resignación ante la muerte, y que suelen decirle al médico ‘Herr’, que Freud lo relaciona con signor, de signorelli, porque herr quiere decir ‘señor’: ‘Herr-señor, sabemos que usted ha hecho todo lo posible’, cuando se encuentra con un enfermo que su destino inexorable es la muerte. Pero cuando se trata de una afección sexual, piensa Freud, cuando se trata de una afección sexual, como podría ser una impotencia, por ejemplo, una impotencia originada en una situación orgánica, entonces los turcos dice que ‘no vale la pena la vida’. Es esto que él relaciona con el paciente este que se murió en Trafoi pero no se lo puede decir esto al abogado este con el que viajaba, y según él, esta interrupción, lo que no puede decirle, constituye parte del olvido. Pero a donde quiero ir –porque todos ustedes conocen esto y seguramente muy detalladamente- es a lo siguiente: signorelli, …………… En signorelli tenemos sig. Ustedes saben que el nombre de Freud, Sigmund, incluso fue un nombre que él se cambió, porque Segismundo, que era el nombre original, Segismund, era un nombre como si dijéramos en este momento decirle a alguien ‘moishe’, o Salomón. Entonces, era muy poco universitario… (risas), entonces se lo cambia por Sigmund, sacándole la ‘is’, que algunos que han estudiado este tema dicen: debe ser la ‘is’ de Israel. Y observen ustedes ………….(fréijau). ………., en el nombre tenemos el comienzo del apellido de Freud. Entonces, de qué se trata esta formación del inconsciente, un simple olvido de un nombre propio. Entonces, este es tránsito que de una formación del inconsciente al caracú del ser, que es el nombre propio.

Pregunta: Jorge, bueno, yo también quería agradecerte tu exposición, me pareció muy buena, que permite pensar muchas cosas y relacionar muchas cosas. Yo, mientras te escuchaba, lo que se me fue como delineando o armando… tomaba la parte que vos mencionaste del síntoma en relación a la demanda de verdad, ¿no?, digamos, si bien una parte relaciona al goce, esto otro que sería como demanda de verdad, como el analista un sostenedor del síntoma, algo así que mientras hay síntoma hay vida, y pensaba si se podrá relacionar el síntoma… digamos, el analista como un síntoma, y si las instituciones psicoanalíticas podrían ser un síntoma de los analistas.

Lic. J. Mosner: Bueno, me parece que tengo que decir: “sí, sí, sí…” (risas).

Pregunta: Bueno, también agradecer tu presentación. Algo de lo que dijiste me disparó una pregunta, que también fue una discusión que hemos tenido, que no arribamos ni concluimos, pero ya que te tenemos acá…

Lic. J. Mosner:    Podrá seguir sin concluir… (risas)

Pregunta (continúa): Claro, ampliando… Hablaste del sueño como regalo, y algo de lo que estuvimos como pensando era si era posible pensar en las ecuaciones simbólicas como formaciones sustitutivas. Y comenzamos a pensarlo y ahí estábamos medio empastados. Por ahí quería saber cuál era tu opinión…

Lic. J. Mosner: Las… ¿cómo es?

Pregunta (continuación): Las ecuaciones simbólicas pensadas como formaciones sustitutivas, si es posible. Dado que justamente trajiste esto del sueño como regalo, me trajo a mi memoria esto de algo de lo que veníamos hablando.

Lic. J. Mosner: Bueno, son… no hacen preguntas, ustedes… …(inaudible) después…

Pregunta: Yo no me voy a repetir en agradecerte, sino en todo lo que me has preocupado. (risas) No, pero… un comentario, y después una pregunta concreta. Lo primero que me llamó la atención fue el título y el plantear el tema de las formaciones o las formaciones sustitutivas. Me parece que está bastante claro, la explicación fue bastante concreta. También me pareció que dejaste un punto abierto en esto de: depende del punto de vista meta-psicológico, ya que, si ambas participan de la misma hechura y la misma hechura tiene que ver con la represión, toda formación podría considerarse formación del inconsciente en tanto retorno de lo reprimido, vale para los lapsus, los chistes, los olvidos y los síntomas. Entonces, en ese sentido, era interesante la otra vuelta que le diste sobre formación de compromiso, que parece ser un viejo término, pero que me parece que alude bastante a eso. Digo porque ciertamente se estuvo trabajando sobre la serie, y quedan claro que era bien demostrativo que en la formaciones del inconsciente lo que se muestra es el deseo andando, mientras que en el síntoma, lo que más aparece es más esta vertiente de resistencia de goce. Ahora, en otro sesgo de tu exposición planteaste: vivimos en un duelo imposible. Y ¿cómo articular esto con el de-ser del fin de análisis? Bueno, es esa pregunta, o esa idea, a ver si podías articular alguna cuestión más con eso.

Lic. J. Mosner: me va a ser difícil, me va a ser difícil. A ver, volveme a sintetizar la pregunta.

Pregunta: Claro, Dejando de lado toda la cuestión de formación sustitutiva y demás, me interesó, me impactó lo que planteaste sobre esto de “vivimos en un duelo imposible”, y cómo encajar esto con el planteo del fin de análisis, como de-ser, como orfandad, como liberación de esta imposición infernal de los otros, en la medida en que hay un duelo imposible, es decir, que de algún modo, habría un punto imposible de deshacer de esta cadena infernal, repetitiva, de los otros.

Lic. J. Mosner: Sí, ahora… Lo que acabo de realizar es una formación del inconsciente que se  llama pretexto. Por supuesto, no me di cuenta.  Bueno, empiezo por ahí. Creo que se entiende lo que quiero decir con duelo imposible. Duelo imposible es que… tenemos dos alternativas básicas –lo digo, por supuesto, en un sentido absolutamente metafórico, como se suele hacer, ¿no?, o una cosa o la otra, en los dos extremos-, una es la melancolía, de la cual Pichon Riviere decía que era la enfermedad básica universal. Me parece que es un gran aporte. La melancolía es… como el duelo es imposible, como no hay objeto, entonces, la vida no tiene sentido. El melancólico se apodera de una verdad, por eso es tan difícil el acceso al melancólico, se apodera de esta verdad. Esto es en un polo. En el otro polo, estamos –creo yo- los que tenemos la posibilidad de realizar reemplazos, sustituciones, desplazamientos, y nos la vamos arreglando. ¿Cómo relacionarlo con el de-ser? El de-ser es un ideal, ¿no?, lo que yo planteo como el de-ser –que es un término, si mal no recuerdo, lo menciona Lacan- creo que es un ideal, también un ideal imposible. Porque lo que se va a hacer siempre presente es el yo, en el sentido del moi, del espejismo, eso que Hegel llamaba ‘la pasión imaginaria’. Pero el ideal es, justamente, de dejar al paciente lo más huérfano posible, lo menos creyente de sus espejismos e identificaciones; es un ideal. Me pareció importante, no puedo aunque sea hacer una mención a tu pregunta, si las ecuaciones simbólicas no son formaciones del inconsciente. Ahí yo tengo una… digamos, hago una evocación, más que responder, porque me es imposible de responderlo, pero hago una evocación de una discusión que tengo con los lacaneanos, que… en realidad, no discuto mucho con ellos, discuto con este lacaneano, ¿no?, con otro… (risas)… que me habla, me murmura… (risas) …y cuando salgo, de vez en cuando, de la internación, la cuestión de las metáforas universales. Y esto, yo me lo encontré en Borges, y ahí dije: “Ah, te agarré, Lacan, y te agarré no con cualquiera, te agarré con Borges”. Para Borges, hay metáforas universales. Está la metáfora del conocimiento vinculada a la luz, y a su vez, me olvidé de Luca Signorelli, Luca tiene que ver con la luz, con lo luciferino, y, pensado desde el Génesis, cómo el conocimiento lo impregna de luz y de lo diabólico. La oscuridad como desconocimiento, por el contrario. El mar como la madre. Y Borges, justamente en una conferencia que se llama “La metáfora”, ni más ni menos, menciona infinidad de metáforas universales, que esto no es lacaneano. Entonces, con respecto a las ecuaciones simbólicas, más que formaciones del inconsciente, ¿no serán de estas metáforas universales?, esto es lo que me pregunto, ¿no?

Bueno, esto… lamento no poder hacerte algún comentario, porque de verdad estoy de acuerdo con lo que ………. Sí, sí… (pausa)… este pendejo… (risas)

Pregunta: En torno a las ecuaciones simbólicas y lo que serían las metáforas universales, André Green, en uno de sus textos, es muy interesante, y habla la importancia de que se sigan manteniendo aunque sea como concepto la idea de lo que serían las fantasías filogenéticas para Freud. Que en realidad lo interesante es que si uno trabaja con adultos y medianamente neuróticos, es como que es algo que queda en algún lado olvidado, no aparece con demasiado –o por lo menos en mi clínica- no aparece con demasiada potencia. Ahora sí, cuando uno trabaja con pacientes más graves, en lo que sería niños, tiene, cobra otra dimensión, esto. En un momento se decía, siguiendo esta línea, que los psicóticos relataban Melanie Klein, que de alguna forma, cuando uno está… o un internado está… si uno conoce la obra de Melanie Klein, se sorprende de esto. En torno a eso, recordé un caso de enuresis, de un chico que la enuresis le apareció una vez que se mudan de una casa a la otra los padres, y él tenía su propio su cuarto, un chico llegando a la adolescencia, que lo ponen a dormir con el hermano. Entonces, desde luego estaba lo que tendría que ver con la excitación sexual, pero un supervisor me dijo que lo interprete que era una forma de marcar el territorio, que tenía que ver con que en su olor, así marcaba lo que había perdido. Bueno, yo dije: “este está chiflado, cómo le va…” (risas)… con mucha resistencia, le interpreté esto, y al tiempito, bueno, el síntoma se modificó por otro, apareció otra cosa. Pero de alguna forma, bueno, en lacaneano se dirá “se enfantasmatizó”. Ahora, las ecuaciones simbólicas, de repente para lo que se me volvió interesante para pensar, es para la enfermedad somática, que el órgano y la enfermedad que se ubica, es tan poco el desplazamiento que puede hacerse, que sólo pueden ser unos elementos contados, es decir, al estilo “niño, ese es dinero”, y que es dentro de esas vicisitudes lo que se está escondiendo. Es una cosa que por lo menos se me aparece ahora, eso es lo que… Entonces, por ejemplo, tal vez -veo una cosa loca, como una hipótesis, ¿no?- pensar que un tumor en un tratamiento, cuando el paciente habla, el tumor puede sustituirse como una ecuación simbólica, tal vez es un elemento que nos ayuda a pensar. No digo que es… hace………. Así como Bion pensaba las formaciones psicóticas como objetos bizarros. Digamos, decía: “bueno, son una conglomeraciones de elementos beta”, no sé si conocen… supongo que sí… pero decían que eran estos elementos locos, armados en un objeto bizarro. Bueno, en esa dirección, quería.

Lic. J. Mosner: Bueno, podemos despedirnos.


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