Revista Coloquios Edición Nro.3 | La repetición

Dinero, sueño, repetición; peldaños que jalonan el trayecto de esta serie que hoy es tres, y que se nombra como Coloquios de la Clínica. Insistir escribiendo aquello que de nuestros orígenes se tensiona sobre lo que nos antecede, cuando el hoy nos ...

Dinero, sueño, repetición; peldaños que jalonan el trayecto de esta serie que hoy es tres, y que se nombra como Coloquios de la Clínica.

Insistir escribiendo aquello que de nuestros orígenes se tensiona sobre lo que nos antecede, cuando el hoy nos acontece, sigue siendo nuestra apuesta.

Una apuesta que como institución clínica nos implica en nuestras propias repeticiones que con su presencia conmueven las pretensiones de la práctica y los anhelos de satisfacción esperables o buscados.

No dejamos de interrogarnos por la especificidad de ese modo de lazo social, llamado institución; y de cómo esto da lugar, o no, a las repeticiones en y de la historia.

Las temáticas propuestas son aristas, sesgos de esa multifacética cara de real de la clínica que permiten, a través de los testimonios aquí vertidos, marcar cierto recorrido de trabajo, presentar diferencias de estilos y situar algunas escanciones de nuestras vacilaciones y orientaciones en la clínica que hacemos.

Son ejemplos que desgranan posiciones y que dejan también pendientes interrogantes que nos vuelven a poner frente a frente con el modo en que nuestras palabras reabren la deuda que ellas mismas engendraron.

Así, en esta peculiar experiencia del sujeto que la clínica en psicoanálisis promueve, debemos tener presente cierto entrecruzamiento de la teoría de las identificaciones con la repetición, ya que cierta manera de entender la repetición en ese registro de la identificación a lo idéntico promueve un rotundo fracaso en la dirección de la cura al entronizar un circuito de reverberaciones idénticas que producen un sin-salida en los tratamientos.

Es en ese límite que se plantea dónde debe situarse el acto del analista: un acto que según sus modos de intervención, interpretación o construcción funden la posibilidad de que la diferencia tome y tenga su lugar en la promoción de un nuevo posicionamiento subjetivo.

El tema de las identificaciones se tensiona al máximo en la medida que allí se pone en juego el narcisismo de los analistas y esto termina siendo el punto donde se fundan las repeticiones de los fracasos.

Pues bien, en A.E.P.A. sostenemos y pretendemos aprender de los fracasos; entendemos esto como una de las vías que hacen a la transmisión y a la formación.

También hemos transitado por esa dimensión de encuentro fértil en el desencuentro donde la sorpresa se soporta en el cálculo que conjetura las andanzas del sujeto del inconsciente.

En ese encuentro que se sitúa en los límites de la rememoración se instala la dimensión de la palabra del analista, la palabra como presencia y como acto.

La repetición en transferencia es el punto privilegiado de aplicación de la operación analítica. Despejar ciertas imbricaciones recíprocas entre ambas nos hace traspasar cierta mirada fenomenológica que se detiene en una reminiscencia de alto tizne imaginario para plantearnos cierto trabajo de rememoración de eficacia simbólica. Para esto es necesario pensar en lo real como límite y tomar la insistencia repetitiva en la transferencia e incluirla en el cálculo estrategizante que comanda cierta ubicación del analista en su función.

La repetición en su vertiente del automatismo nos plantea la dimensión temporal en la cura. Esta temporalidad historizante de la transferencia incluye la presencia insistente y repetida de la realidad.

Realidad sexual, por supuesto, cuyo horizonte no es otro que la castración. Repetición, memoria, azar, encuentro, destino. Palabras que nombran algo de eso con lo que tenemos que lidiar en la lucha contra la inercia mortífera del existir. Alquimia violenta donde la repetición se instala en la tragedia del destino de una existencia sufriente.

Allí donde el destino acontece en el universo mórbido de la culpa, la deuda y la falta. Allí donde el susto te sorprende justo, allí es donde nuestra presencia como analistas justifica nuestro deseo, en el intento de sostener esa prueba de paciencia que Freud nos sugería, para poder trabajar con la repetición.

 

Nota editorial por el Lic. Francisco Luzza

 

 

 

 

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