Revista Coloquios Edición Nro.4 | El amor

Coloquios de la Clínica avanza en su proyecto de escritura proponiendo hoy en su cuarto número el tema del amor. No hay azar en la elección propuesta, su encadenamiento a la serie que lo precede constituye un nuevo umbral de interrogaciones que ...

Coloquios de la Clínica avanza en su proyecto de escritura proponiendo hoy en su cuarto número el tema del amor.

No hay azar en la elección propuesta, su encadenamiento a la serie que lo precede constituye un nuevo umbral de interrogaciones que friccionan nuestra experiencia como analistas y como institución.

Si en el comienzo fue el amor, nuestra pretendida, pero no pretenciosa intención, es seguir interpelando el estatuto fundacional que, en nuestra práctica, tiene eso llamado amor y también encuadrar su nivel de obstáculo fecundo en la instalación del problema ético que el amor plantea al desarrollo de la clínica en psicoanálisis.

Situamos una arista del problema ético que el amor de transferencia provoca en el punto en que ese amor se sostiene en la promesa que desplaza la nostalgia de lo perdido. Promesa de esperanza que crea el tiempo de la espera de la ilusión por venir. Es allí, en esa espera que sostiene y tensiona la transferencia, que nuestro quehacer como analistas tiene posibilidad de ser.

El amor pide amor, dice el dicho. Lo pide sin cesar. Lo pide todo el tiempo, y es en su reclamante insistencia de anhelada perfección, de armoniosa unidad, de obligada reciprocidad, que transparenta la naturaleza desgarrada que lo sostiene.

Ocuparnos de amor nos sumerge en el mundo intenso de las pasiones que afectan nuestro ser en sus fundamentos, su origen y su historia. Por esta razón y por nuestra decidida vocación de poner en cuestión el lugar del analista, los testimonios clínicos producidos nos permiten acercarnos a la posibilidad de dar escritura, tímida a veces, decidida en otras, a una dimensión del trabajo que osadamente me permito llamar la erótica silenciada de los analistas, sin que esto se torsione en un pliegue de la imaginaria obscenidad institucional.

La propuesta de A.E.P.A. como institución en el campo del psicoanálisis, exige la puesta a prueba de nuestras teorías del amor que hacen de límite real al modo de tramitar la conducción de las curas que nos proponemos, y a la relación con los otros, en el lazo que sostiene la vigencia de un proyecto de trabajo.

La condición de toda lectura es imponerse límites de posibilidad. Nuestra escritura propone y se sobredetermina también en los límites que la historia de nuestros amores transferenciales, y los distintos modos de su elaboración, nos han permitido avanzar hasta aquí... hasta hoy.

Podría pensarse que escribimos porque queremos ser amados, puede ser también por eso, por qué no, pero no es menos cierto que queremos ser leídos y poder así dar existencia a la idea pretendida de que los analistas no condenen al psicoanálisis a reductos parcializados y enamorados de sí mismos, que sentencien a la muerte su futuro. Por eso debemos dar batalla a las torpezas de nuestro amor propio que guía nuestros intereses y evitar la dimensión mortífera y destructiva del amor.

El psicoanálisis ha demostrado que el amor es en esencia narcisista y su articulación en la transferencia como neurosis de transferencia nos obliga a despejar sus sobredeterminaciones históricas, sus ilusorios y engañosos espejismos y padeceres en relación a su objeto y poder producir allí, vía un trabajo, algún efecto de verdad.

Amor, odio, pasión, locura, muerte, espera, anhelo, saber, sexo, erotismo, pérdida, duelo, proyecto, deseo, palabras...palabras que nombran aún con su insuficiencia, algunos de los enlaces que el tema del amor provoca en la mirada que hacemos de él en nuestra experiencia.

Consideramos tres niveles posibles a tomar en cuenta en relación a esta experiencia, a saber: económico, estético y lógico.

En cuanto al nivel de la economía del amor, privilegiamos el aspecto de los lugares y las posiciones que se distribuyen en el par amar-ser amado, y el concepto de valor en relación al objeto. El punto de partida es la idea freudiana que nos ha enseñado que el único valor dado a los objetos de amor radica en la posibilidad de su pérdida...Nada es eterno, y menos el objeto que me desvela en la pretendida eternidad de mi reclamo.

En el plano estético, pretendemos restituir el concepto de escena y otorgarle su incidencia clave a nivel estructural y evitar la caída en la mera degradación imaginaria en la que se ha deslizado en el discurso de los analistas. El nivel estético, nos tensiona interrogativamente también en las configuraciones singulares del amor, en la femineidad y en la masculinidad.

En cuanto al nivel lógico, partimos de considerar la vida amorosa y las condiciones eróticas, y apuntamos a desatar el nudo conceptual pulsión-amor-deseo, que cifra el enigma y las vicisitudes de nuestras "novelas amorosas".

Estas sobredeterminaciones aparecen veladas para el sujeto, y si el inconsciente es el capítulo censurado de mi historia, es a ese recorrido histórico, en la búsqueda de su verdad, que un analista acompaña a su paciente, no sin amor y aun con dificultades.

Dificultades nuevas, antiguas o repetidas, que nos obligan a plantearnos la eficacia de nuestra acción para que ella sirva de algo, para que a pesar de todo, pueda plasmarse en la vida eso llamado amor.

 

Nota editorial por el Lic. Francisco Luzza

 

 

 

 

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