Revista Coloquios Edición Nro.5 | La angustia

Comenzamos por el dinero, seguimos por los sueños, nos detuvimos en la repetición, y pasamos al amor. ¿Por qué ahora la angustia ? ¿Cuál es el hilo que teje este recorrido y hacia dónde vamos? Coloquios de la Clínica por ahora sigue el hilo de las ...

Comenzamos por el dinero, seguimos por los sueños, nos detuvimos en la repetición, y pasamos al amor. ¿Por qué ahora la angustia ? ¿Cuál es el hilo que teje este recorrido y hacia dónde vamos?

Coloquios de la Clínica por ahora sigue el hilo de las temáticas que cada año AEPA se plantea para las jornadas anuales, en función del trabajo clínico, del acontecer de los análisis que sus terapeutas llevan adelante y de los avatares de sus analistas. Son los problemas, los fracasos, las preguntas, aquello que nos guía. Aquello que no sabemos y queremos saber. Nuestra revista refleja este trabajo publicando los textos de las Jornadas Anuales de AEPA y de miembros de la Institución, pero también se trata de cotejar, confrontar, oponer las diferencias y lograr con esto una producción. De allí la importancia para nosotros de la publicación de otros autores tanto a nivel nacional como internacional.

La Angustia es uno de los conceptos claves en la clínica psicoanalítica. Por su relación esencial al deseo, por lo que señala en el recorrido de un análisis. Pero no sólo se trata de la angustia del paciente, sino también la del analista, es ésta otra marca en nuestros trabajos: el no perder de vista lo que ocurre del lado del analista. Lo que sí esperamos es que se trate, en paciente y analista, de posicionamientos diferentes ante la angustia.

Freud escribió su texto Inhibición, Síntoma y Angustia en julio de 1925. Uno de los textos más importantes y culminantes sobre el tema de la angustia. En enero de ese mismo año apareció El bloc maravilloso, y también en ese año publicó La Negación y Algunas Consecuencias Psicológicas de la Diferencia Anatómica entre los Sexos (este texto fue leído por Ana Freud en el Congreso de Homburg, al cual Freud no pudo asistir por problemas de salud). En febrero de 1925 Freud informaba que no se le habían ocurrido nuevas ideas en los últimos cuatro meses, uno de los períodos más largos.

En 1925 también Freud continuaba debatiéndose en la lucha contra su enfermedad y las reiteradas operaciones para mejorar la prótesis. El riesgo de no poder hablar.

El 5 de julio figuraba en su historia clínica médica: “…Varios días buenos, y luego muy mal otra vez. Lo peor es la deprimente desesperanza de que se pueda hacer algo para mejorar la situación. El paciente ha dormido once horas…” En noviembre se produce una nueva operación donde se extirpa de la cavidad bucal “una bolsa quística y granuloma…”

Sin embargo, esto no le impidió seguir produciendo y trabajando.

También en diciembre de ese año muere Abraham, luego del desenlace rápido de una enfermedad de ocho meses.

A Freud todavía le quedaba escribir textos como Análisis Profano, El Porvenir de una Ilusión, El Malestar en la Cultura, Moisés y el Monoteísmo…

La angustia, esa eterna compañera. Pero quisiera hoy hacer su elogio y que las palabras no me falten para ello. No hay análisis sin angustia, no hay análisis con demasiada angustia. Y no se trata de la diferencia de cantidades, sino de una diferencia cualitativa entre una angustia y otra. La clínica nos muestra esto a diario.

La angustia, que en nuestra queja relacionamos con el vacío, se trata más bien de la angustia ante un lleno, porque el sujeto ha quedado “tomado”, invadido, su ser ha quedado suspendido. Allí donde algo debía faltar para que le permitiera continuar deseando, algo lo detuvo, algo que no debía estar. Lleno que introduce cortocircuitos en la relación con los otros, que quiebra los intereses de un yo, sus identificaciones, su identidad, que pone en crisis una estructura, porque lo que está en riesgo es el vacío de ser, el riesgo del no ser, la muerte.

Angustia que nos previene, nos anticipa un riesgo. Pero también angustia que nos deja sin palabras, porque no hay significante, metáfora paterna, que detenga, que delimite sus bordes. Sólo el acto, a veces, puede detener, frenar, acotar, así como muchas veces la actuación perversa lleva en su impulso a la búsqueda de un cuerpo, sin rostro, de un borde, sin angustia. La angustia sobreviene después.

Por eso allí no hay vacío, hay un lleno de completud que ha dejado fuera de juego a la angustia de castración.

De allí que en la clínica, con nuestros pacientes, lo que más nos alerta, el mayor peligro, es la ausencia de angustia.

Guillermo Martin decía en el “Seminario de Psicoanálisis y Literatura”: “…El que escribe miente para no caer en el sin sentido de su angustia. Un analista en cambio, trabaja con la palabra y con su cuerpo para encontrarse justamente con lo que el otro trata de evitar…”. Creo que la escritura lleva una marca singular. Grandes escritores y creadores padecían esa angustia masiva. Hemos escuchado que algunos relatan que su escritura fluye ante una angustia profunda. Guillermo decía también en ese seminario que el que escribe lo hace porque tiene dificultades con la metáfora paterna, no se trata de ausencia de significante paterno, sino de problemas con él. La Lic. Moresco, en su escrito para este número, retoma una definición de Lacan sobre la sublimación…

Es decir, se podría decir que el escritor es alguien que ha podido hacer algo con esa falta de la falta. Que ha podido hacer algo con esa angustia desmedida, intolerable, sin sentido. Quizás poder escribir en la falta de la palabra. ¿Qué es lo que crea un creador? Y también aquí se trata del acto, acto que escapa a la repetición, pero que no es sin ella.

¿Por qué ahora La Angustia? Tal vez porque las opciones que hoy se ofrecen, la propuesta de este fin de siglo, las terapias “alternativas”, son soluciones rápidas y fundamentalmente sin angustia. Los medicamentos que silencian, que acallan el llanto de la histeria, que sofocan las fobias…¿por qué tantas fobias?, ¿por qué tanto “panic attack”?, ¿por qué tanta bulimia y anorexia?, ¿por qué las adicciones? Si no escuchamos, si no hacemos lugar al grito, tampoco arribaremos a la palabra. Y si no hay palabra, lo único que queda es el acto, pero el acto que en este caso sobreviene es violencia.

AEPA-Coloquios de la Clínica intenta una vez más hacer escrito lo que nuestros pacientes nos plantean, nos cuestionan. También intenta mostrar distintas posturas clínicas y teóricas del psicoanálisis en Buenos Aires. No nos asustan las diferencias, sino más bien las igualdades. Y en esta oportunidad, además, damos también apertura a una nueva sección “Internacionales”, que como todo cruce de frontera, no es sin angustia. Esperamos que sea este “inter” el comienzo de un intercambio, iniciado hace ya varios años, y que lo podamos sostener y acrecentar en ediciones futuras.

Contamos, asimismo, con los textos de la Lic. Mercedes Moresco y el Dr. Horacio Etchegoyen, quienes una vez más nos acompañan en esta aventura.

Por último, quiero retomar las palabras del Lic. Francisco Luzza en el editorial inaugural: “No vamos a arrogarnos la propiedad de un acto, tan solo queremos ser responsables de un hecho. De este hecho”, y agregar hoy que sin la decisión y el trabajo de todos los que sostuvieron ese acto inicial, Coloquios no hubiera sido posible.

 

Nota editorial por la Lic. Cristina Bacchetta

 

 

 

 

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