El deseo del analista en el quehacer cotidiano

Luego del cierre, cuando el bla bla juega su pleno apogeo, cuando las palabras aluden a un sentido perdido, inconsistente, vacío, es el momento en que el deseo del analista como riesgo y apuesta marca la posibilidad de la apertura de otro ...

Jornadas 2001: El deseo del analista en el quehacer cotidiano. Palabras de Apertura

Luego del cierre, cuando el bla bla juega su pleno apogeo, cuando las palabras aluden a un sentido perdido, inconsistente, vacío, es el momento en que el deseo del analista como riesgo y apuesta marca la posibilidad de la apertura de otro juego.

Las encrucijadas clínicas entre El Deseo y el Goce, el Superyo en la Institución Clínica, el Deseo de Analista en el Quehacer Cotidiano son trazas que jalonan y pretenden poner marco a la posibilidad de lectura de nuestros avatares en una concepción de crisis inacabada, en tanto incluye y contempla nuestras dificultades y obstáculos que, en nuestro quehacer cotidiano, insisten como repetición insaciable que nos petrifica en una muralla de goce.

La ambición de atravesar dicha muralla nos ha llevado, o fuimos llevados por ella, a reconocer nuestras grandes falencias, es decir cuáles son nuestras deudas. Condición deudora que nos enfrenta con la tensión ante nuestras propias faltas. Aquellas en las que la encarnadura del deseo del analista nos obliga aún sin querer, muchas veces, a no estar a la altura de las circunstancias.

Pero para esta ocasión no sirve de mucho que se trate de un mea culpa, de lamentaciones, ni de crónicas de fracaso. De lo que sí se trata hoy es de reconocer el valor de una función, que como ya dijéramos es un invento de Freud, aunque formalizado por Lacan, que tiene el lugar de brújula que guía nuestra práctica. La que tantas veces nos parece errática, incierta, confusa, incluso a la deriva.

Aunque esta vez la deriva viene a proveer, lo que más nos concierne como analistas, la posibilidad de transmitir ese espacio que tan fácilmente el goce padeciente estrecha hasta el aplastamiento, ese lugar del deseo como un poco de libertad, término que puede resonar filosófico, romántico, sin embargo de eso se trata cuando nos encontramos con las cerrazones del sufrimiento, donde ya está todo jugado, perdido, impotente para lograr la salida.

Así fue, en el reconocimiento de nuestras limitaciones y también de nuestras ambiciones, que en el año 1994 como preámbulo al Coloquio de Collalbo nos pusimos a trabajar lo cotidiano del analista, convencidos de que no hay retórica que alcance para sostener el querer ser analista si no encuentra un correlato en donde lo personal, el set material, la disposición horaria, el análisis personal, la supervisión, el estudio de la teoría, el sostenimiento de la palabra ante los otros, el querer ganar dinero etc., etc., sean considerados como condiciones necesarias e insustituibles.

Fue entonces, en aquel momento en que la nominación tuvo otro peso, de psicológico a psicoanalítico. El recorrido institucional nos dio un aval, sin garantías por cierto, pero con el compromiso dado de poner en juego el deseo en el psicoanálisis.

Deseo en el psicoanálisis, deseo de ser psicoanalista, deseo del psicoanalista, que encuentra en el acuerdo de trabajo con otros, en un tiempo que diríamos que ha sido de un pacto fraterno, a un contrato simbólico institucional, que nos permite funcionar en una operatoria de la regulación de los intercambios, dando lugar a un vasto y fecundo campo para el deseo.

El deseo del psicoanalista no llegó a nosotros por un seductor y pulcro devaneo de la teoría, sino como una necesidad de intervenir sobre la insuficiente articulación con la transferencia, su fundación, manejo y sostenimiento; la contratransferencia, la concepción que se tiene de ella, la necesidad de considerarla para poder discernir qué valor toma en la dirección de la cura; la abstinencia y las razones para suspender la neutralidad; la combinatoria de los tratamientos y sus intrincadas consecuencias; la derivación, la diversidad de concepciones y justificaciones; la institución clínica y también, como no podía faltar, el deseo de ganar dinero.

Iremos entonces a recorrer trabajos que van desde los ratones de los analistas, ya sabemos que en buen porteño es metáfora del deseo, para poder operar sobre esa rata que funciona como objeto, en donde el analista tuvo que soportar ocupar ese lugar. La construcción posible presenta el horizonte para el cual el analista es convocado en la clínica con un psicótico, en donde el deseo sólo puede inscribirse en esa dialéctica de presencia - ausencia y su consecuente registro de falta.

La memoria de Carlos resuena como el narcotizante principio del placer pero que de todas formas se sostiene el “algo no funciona”.

En Yo la mejor de todas encontramos el deseo del analista propiciando un lugar de objeto preciado en la transferencia y el pertinente pronóstico acerca del arduo trabajo de poder luego, perder ese lugar.

Él es.... nos plantea el primer momento en donde el pronombre no alcanza al sujeto, él es un fenómeno da cuenta de lo no alcanzado del sujeto que resta como objeto, siendo el trabajo del deseo del analista la máxima diferencia posible entre ser ese objeto de goce del otro y algo de sujeto deseante.

Todos estos trabajos muestran cómo el psicoanalista con su deseo como instrumento fundamental, enfrenta aquello que de la cultura del bienestar siempre irrumpe como falta, como lo que no anda, lo que cojea. Malestar que nos convoca a hacer de él algún tratamiento posible que sin denostar lo que sí anda, tampoco se trata de la opción de lo imposible en el sentido de su obturación.

Es así que también en el marco de la institución clínica, como expresión fecunda de nuestra cultura, también del psicoanálisis, es que necesitamos contar con la persona, lo personal, para luego según tiempo y forma de la transferencia ponerla lo suficientemente lejos y ausente.

La exigencia de ir concluyendo me hace ir dejando estas palabras, dejar que hace de este acto pérdida y causa, registro ineludible en el cual el deseo del analista está anclado.

Les deseo entonces que los escritos a compartir en estas jornadas sean su causa. Gracias.


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