La Demanda y las Detenciones en la Transferencia en la Clínica Psicoanalítica

El epígrafe de referencia hace de guía al comentario de mis reflexiones hoy ante ustedes y se ubica en consonancia con algunas ideas aportadas por los que me precedieron en este seminario. A tal fin voy a recorrer algunas notas sobre el texto freudiano...

Lic. Francisco Luzza

 

 

 

La Demanda y las Detenciones en la Transferencia en la Clínica Psicoanalítica

Seminario a cargo de Comité Científico

 

 

Esto no quiere decir que no pueda haber, como lo aprueban la experiencia y la historia, un momento de resistencia, pero es breve. En toda la medida, mayor o menor, de nuestra implicación como analistas en la técnica psicoanalítica, debemos encontrar en la elaboración de los conceptos el mismo obstáculo

designado, reconocido como constituyente de los límites de la experiencia analítica, a saber : la angustia de castración.

J. Lacan - Seminario X, 1963

 

 

 

El epígrafe de referencia hace de guía al comentario de mis reflexiones hoy ante ustedes y se ubica en consonancia con algunas ideas aportadas por los que me precedieron en este seminario.

A tal fin voy a recorrer algunas notas sobre el texto freudiano análisis terminable e interminable y su posible articulación con algunas ideas sobre lo institucional y la temática propuesta para nuestro trabajo de este año.

Texto de 1937 que comienza enfatizando que el análisis es un asunto que consume mucho tiempo. Remarco esta enfatización porque lo tomo como una respuesta de Freud a ciertas demandas que le eran dirigidas.

En un nivel es una respuesta a los emprendimientos que pretenden reducir técnicamente el tiempo de duración de los análisis y también en otro nivel es respuesta a uno de sus interlocutores privilegiados en este texto.

Este interlocutor es Sander Ferenczi, de él retoma la interrogación de sí existe un término natural para el análisis; si es posible llevar un análisis a un término tal.

A mi entender ese término tal, es la aporia que se instala en la intersección de esa anterior referencia a lo temporal y a otro eje que atraviesa gran parte del texto que es el de la reconsideración del factor cuantitativo.

Ambas cuestiones configuran el escenario para la reflexión sobre el final de análisis.

Freud hace una referencia directa a la conferencia del año 27 de Ferenczi en Innsbruk (cerca de Collalbo) cuyo título era el problema del fin de análisis.

Quizá en alguna otra ocasión, cuando nuestro interés común nos guíe allí , podamos retomar con mejor precisión algunos planteos de Ferenczi (algunos rastros están en nuestro Libro de Collalbo), pero me interesaba resaltar cierto espíritu de Ferenczi en intentar buscar por el lugar y la posición del analista ciertas respuestas a lo que podríamos llamar los impasses de las curas analíticas.

La cuestión es, sí sólo el problema del final nos plantea algún impasse, algún sin salida, alguna detención singular a los analistas en la conducción de sus tratamientos creo que podríamos, quizá de manera general e inicial, acordar que no es el único, pero deberíamos poder avanzar en establecer algunos aspectos diferenciales.

Plantear la cuestión del final del análisis pareciera una ectopía, pero creo que nos obliga a ubicar un comienzo, una fundación y su sostenimiento, con lo cual el eje de lo temporal no queda fuera de esto, el tiempo del análisis. De eso hablo.

De algún modo hay cierta idea de resaltar con el término impasse un modo de la detención en la clínica, que nos ocupan y preocupan institucionalmente.

En este texto que alguna vez Lacan nombró como el testamento de Freud se nota la preocupación por el resolver el problema de este fragmento de “realidad” que continúa activo y cuya verdad insiste en hacerse reconocer.

La elección de este texto para el tema en cuestión es que ilustra con claridad en cada apartado alguna dificultad con la que se topa la cura.

En el apartado 7 es donde el analizar es catalogado como una de las actividades imposibles junto al gobernar y el educar.

Lo que merece destacarse es que esa trilogía de actividades imposibles es enhebrada por Freud en relación al rasgo en común que las agrupa. Este común que las agrupa es cierta insatisfacción en sus resultados, cierto límite, cierta dimensión de fracaso.

La propuesta es situar esta dimensión del fracaso como cierto impasse, cierta detención en su resolución.

En este texto Freud planteará que los impasses que se presentan para el analizar son los que resultan de la roca de castración.

Avanzando en algunos recortes que no debieran ahorrarles la lectura, vemos como Freud plantea que la clave de los éxitos de un psicoanálisis se concentran en los padecimientos cuya etiología es traumática. En cambio mayor dificultades se presentan cuando la etiología está ligada a la intensidad constitucional de las pulsiones (factor cuantitativo) y a la alteración perjudicial del yo (spaltung subjetiva).

Los apartados 3 y 4 se ocupan del primero de estos factores; el 5 y 6 de las alteraciones del yo, dejando el 7 y 8 a la incidencia de la particularidad del analista y al complejo de castración.

Respecto del tema de la intensidad constitucional de las pulsiones la pregunta que Freud se hace, nos hace, es la siguiente: “¿ es posible tramitar de manera duradera y definitiva, mediante la terapia analítica un conflicto de la pulsión con el yo o una demanda pulsional patógena dirigida al yo?

La respuesta que Freud nos aporta es que la rectificación con posterioridad del proceso represivo originario nunca puede lograr una transmudación integral de las fijaciones libidinales. “El resultado final depende siempre de la proporción relativa entre las fuerzas de las instancias en recíproca lucha”.

El no lograr una transmudación integral nos obliga a relacionar ese resto pulsional con la roca viva de la castración del apartado 8.

A riesgo de saltear de estas notas, innumerables consideraciones freudianas de refrescante riqueza clínica, voy a situar respecto de este apartado 8 lo siguiente, que creo complementa algo ya señalado en este seminario.

“...no es importante la forma en que aparece la resistencia, sea como una transferencia o no. La cosa decisiva sigue siendo que la resistencia evita que aparezca cualquier cambio, que todo continúa como antes estaba... hemos llegado a la roca viva, y que, por tanto, nuestras actividades han llegado a su fin... sería difícil decir sí y cuando hemos logrado domeñar este factor en un tratamiento psicoanalítico, solo podemos consolarnos con la certidumbre de que hemos dado a la persona analizada todos los alientos necesarios para reexaminar y modificar su actitud hacia el (complejo de castración).”

Para Freud la posición frente a la castración define la impasse del final de análisis.

Lacan dará otra vuelta de tuerca cuando en el mismo seminario del epígrafe propone que : “...el neurótico retrocede, no ante la castración, sino por hacer de su castración, la propia, lo que le falta al Otro, por hacer de su castración algo positivo, que es la garantía de esa función del Otro, ese Otro que se escurre en la remisión indefinida de las significaciones...”.

Consagrar su castración a esa garantía del Otro es ante lo que se detiene el neurótico.

Quizá sea esta la manera de entender esa detención inconmovible en la envidia del pene o la protesta masculina del impasse freudiano.

Pero, hablamos de las detenciones y de los impasses, así vamos a pasar a intentar algunas ideas sobre lo institucional que nos compete.

Para reflexionar acerca de lo institucional partiré de un principio que será postular que la teoría freudiana de la transferencia es inseparable de la teoría freudiana de la cultura y del lugar que la ética del psicoanálisis otorga, al analista, respecto de esa transferencia.

Se tratará de pensar como opera en la constitución del descubrimiento de Freud la idea que el inconciente está en la cultura, ya que el psicoanálisis está ligado a la teorización a partir de la experiencia del Malestar en la Cultura.

Malestar en la Cultura que nos importa y nos ocupa en la medida de ser soportes de algo que se nos demanda en la crisis de los lazos sociales de los otros y con los otros.

Esto en cuanto a quienes nos consultan y nosotros mismos como organización de analistas ya que el psicoanálisis no deja de interrogar por las estructuras libidinales de las instituciones y poner cuestión sus ideales y sus ilusiones.

Cuando nos apoyamos en el principio enunciado sobre lo inseparable de la teoría de la transferencia y la cultura lo hacemos en la medida que Freud descubre que hay algo en común en lo que pasa en un análisis y lo que ocurre en un fenómeno de masas.

En Psicología de las Masas, Freud quiebra la separación entre el sujeto de lo individual y el sujeto colectivo. Se trata del sujeto en la cultura, ni individual, ni colectivo, sino inconciente.

Freud ubica una serie continua entre enamoramiento, hipnosis y masa. Estas tres formaciones tienen algo en común y es que apuntan a reconstruir un estado anterior.

Esta reconstrucción se apoya en lo que Freud llamó nostalgia del padre que implica la reconstitución de la horda primitiva.

En este punto nos remitimos a lo ya planteado en algunos escritos de AEPA en Collalbo y nos detenemos en estas disgresiones ya que el modo de la relación hipnótica participa de lo mismo que la transferencia, está hecha de lo mismo.

La nostalgia es la nostalgia por la muerte del padre y esto se relaciona con la restitución del objeto en el lugar del ideal (a en el lugar de I ) con lo que se excluye la muerte del padre porque su consecuencia es que esta recae como castración en el hijo.

Lo que opera en la nostalgia del padre es la función del complejo de castración.

La nostalgia es la posibilidad de la existencia de un Otro no tachado.

La muerte del padre significa producir es operación de agujero, esa abertura producida en el otro. La intención de restitución presupone suturar esa pérdida, que se recupere ese a perdido en el lugar del Otro.

Creemos poder sugerir que esta es la demanda, que está en la base de un análisis.

La demanda en juego en la transferencia es una demanda institucional, es el intento de establecer la institución del Otro destachado.

Para hacer una institución hacen falta o basta sólo con dos y que uno en posición de objeto ocupe el lugar del ideal.

Esto es lo que Freud define como Relación Hipnótica, esta relación se apoya en la transferencia en su vértice de amor.

Amar en la transferencia es constituirse como amable y en las instituciones la cohesión se mantiene en base al amor.

La nostalgia del padre es la nostalgia de su amor y hay algo en esa operación amorosa que sostiene la creencia que hace institución.

Creencia que el Otro existe, que no estaría tachado, fuera de la castración y además me ama. Si bien

estos planteos pueden sonar conocidos, no es en vano recordarlos, cuando nos ocupamos de hablar de la institución clínica de analistas, ya que la misma debe procurar por dejar vacío ese lugar que hace que la ley se sostenga, como ley que pone en juego la castración ... de los analistas...

Ley de pura pérdida que no permite ninguna reconstitución de un estado anterior. Algo está perdido y no hay otra posibilidad que seguir hacia adelante en la línea del deseo, si ese lugar se encarna, se entroniza, o la figura obscena del superyo, o el padre ideal arbitrario que aparece como vector contrario a la transmisión de la ley.

El juego del análisis es crear un artificio de poder, cuya resolución es su propia liquidación. Liquidación que dejaría vacío ese lugar en la transferencia.

Un sujeto que viene a análisis, viene a proponer que se le restituya algo (¿la felicidad?). Está enfermo de nostalgia en tanto que tiene inconciente.

La liquidación de la transferencia operación que en tanto analistas y como institución de tales, es a lo que estamos abocados, sin resolver. A esto debiera apuntar el deseo del analista.

Freud en cuanto al manejo de la transferencia sólo daba reglas negativas, no dice lo que el analista debe hacer sino lo que no debe hacer y hacia qué apuntar: no erigirse como ideal y permitir la resolución de la transferencia, a esto apunta el deseo del analista lo que no implica que muchas veces se recaiga en la ilusión y nos detengamos en los atolladeros narcisistas que las demandas nos imponen, porque el psicoanálisis y más aún, el psicoanalizar tiene algo de insoportable.

Y quizá en ese lugar de lo insoportable la institución tenga su lugar de discurso para que su política de dirección ubique todos los resortes institucionales para estar en la pista de esa acción oculta para el propio analista, en el juicio de su acción.

Es decir, ¿cual es nuestro modo de implicarnos en las demandas que se nos dirigen.

Algunas de estas ideas apuntan a que constantemente repensemos lo que hacemos, lo que pedimos, demandamos o dejamos de desear en nuestra relación con los otros, en la progresiva construcción de algunos saberes sobre el psicoanálisis, su clínica y nuestra institución.

Por eso la institución es un modo de respuesta, o lo que es mejor aún, una apuesta ética a los impasses de la clínica de nuestros analistas.

Para finalizar quería dejarles una frase para que nos aliente en nuestro trabajo futuro: “Cada paso adelante es solo la mitad de largo de lo que parece al principio[1]”.

 

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[1] Johann Nestroy : Escritor vienés citado por Freud en el texto Análisis terminable e interminable, página 3.348, Tomo III O.C. Biblioteca Nueva.


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