Intervenciones y Resistencia

Tomando uno de los ejes del seminario, intervenciones en la lógica de la cura, hoy vengo a proponerles seguir unos textos de Freud acerca de la lógica de la resistencia, y su relación con la represión. Freud comienza la conferencia sobre resistencia y...

Lic. Rubén Oscar Ameigeiras

 

 

 

Seminario Intervenciones en la Clínica Psicoanalítica

Intervenciones y Resistencia

18 de junio de 2003

 

 

Tomando uno de los ejes del seminario, intervenciones en la lógica de la cura, hoy vengo a proponerles seguir unos textos de Freud acerca de la lógica de la resistencia, y su relación con la represión.

Freud comienza la conferencia sobre resistencia y represión[1] señalando una curiosidad: que el paciente resiste al tratamiento. Califica esa resistencia como diversificada, difícil de reconocer y variada en sus formas de manifestación. Desde el inicio sitúa el interés analítico en operar sobre la resistencia, y no ya en “extraer” ocurrencias. La regla fundamental del análisis misma deviene en blanco de la resistencia: el paciente no hallará qué comentar, o hallará tanto que no se decidirá por nada, o lo considerará trivial, o hará largas pausas en su relato. Todo paciente guardará para sí comunicar cuestiones, por ejemplo, las concernientes al ámbito de lo íntimo, y con ello no hará otra cosa que constituir ese ámbito como refugio de la resistencia. Por ello desaconseja hacer excepciones a la regla fundamental.

El neurótico obsesivo se las arregla para hacer inutilizable la técnica analítica imponiéndole su exacerbada conciencia moral y la duda. Las histerias de angustia llevan la resistencia al absurdo con ocurrencias muy alejadas de lo buscado.

Aún lograda cierta obediencia a la regla fundamental, la resistencia adopta otra forma: la intelectual, bajo el disfraz del apetito de saber. La doctrina psicoanalítica cae bajo la crítica y el paciente querría ser instruido en aquélla para ilustrarse mejor de su padecer. Estaría dispuesto a tomar partido por el psicoanálisis a condición de que el análisis deje por fuera su persona.

El neurótico obsesivo utiliza una táctica de la resistencia que Freud caracteriza como un dejar correr sin trabas el análisis, sin que el esclarecimiento haga lugar a un progreso práctico o debilitamiento de los síntomas. “…Si se quiere averiguar y conseguir algo, (el analista) debe comportarse de manera tan ‘atemporal’ como lo inconsciente mismo…”[2]

De las resistencias más difíciles de vencer, menciona la transferencia[3]: en lugar de recordar, el paciente repite actitudes y mociones afectivas de su vida. Si se trata de un hombre, el material provendrá por lo general de su relación con el padre, en cuyo lugar pondrá al analista. Si se trata de una mujer, encontraremos una transferencia tierna, de tinte erótico y explotable a los fines de la resistencia. Las resistencias de esta clase “…se convierten en los mejores soportes del análisis si una técnica diestra sabe darles el giro correcto…”

El paciente, además, explota contingencias durante el tratamiento convirtiéndolas en un obstáculo: sucesos externos que puedan distraer en sesión, críticas a la autoridad del análisis, enfermedades orgánicas.

La experiencia con la resistencia de los neuróticos “…se convirtió en la base de nuestra concepción dinámica de las neurosis…” dirá Freud, aclarando que el abandono de la técnica de la hipnosis se debió a que eliminar la resistencia privaba de un material fundamental para entender tal dinámica.

En el curso de un tratamiento, la resistencia varía su intensidad, aumentando cada vez que nos aproximamos a un tema nuevo, llegando al punto máximo en el ápice de la elaboración de ese tema, y se desbarata cuando se lo culmina. Un paciente, a lo largo del tratamiento, desecha numerosas veces la crítica y la vuelve a retomar. Si estamos por promover a la conciencia un fragmento nuevo del material inconsciente, el paciente se vuelve más crítico. La crítica es entonces un elemento auxiliar de sus actitudes afectivas y está dirigida por la resistencia. Si algo no le viene bien, se defiende de ello con agudeza; si le conviene, puede mostrarse muy crédulo.

Llegado a este punto, el texto de la conferencia se ocupa de explicar la resistencia: el proceso patógeno que la resistencia nos revela es la represión.

Siguiendo el modelo sistemático de inconsciente, Freud planteará que todo proceso anímico en su origen pertenece al inconsciente, y sólo bajo determinadas condiciones accede a la conciencia. De modo que aquello que descriptivamente esté desplazado de la conciencia, no necesariamente ha sido conciente.

Algún proceso anímico inconsciente, en su intento de acceder a la conciencia, puede sufrir un rechazo (desestimación, juicio adverso[4]) que le quita la energía de que dispone, aunque persista como recuerdo y a sabiendas del yo. O puede ser reprimido, entonces la energía será conservada, no habrá recuerdo alguno y todo esto, sin que el yo tome nota alguna.

La represión es condición para la formación de síntomas, y éstos, son sustitutos de lo reprimido. Las fuerzas que en el tratamiento se oponen al cambio de estado (darle acceso a la conciencia) deben ser por lógica las mismas que impusieron tal estado; así, resistencia y represión son correlativas.

En la medida en que la censura ejerce vigilancia sobre las mociones pulsionales, son reprimidas, ya sea en el umbral mismo de acceso o ya sea en el espacio de la conciencia. Aún cuando hayan atravesado ese umbral, no por ello devienen concientes. Allí sitúa el preconciente. El destino de la represión para una moción singular consiste entonces en que la censura no admita su paso del sistema inconsciente al preconciente. Y es esa misma censura de la que tomamos noticia a través de la resistencia cuando procuramos cancelar la represión mediante el trabajo analítico.

En La represión[5], Freud establece que uno de los destinos de la pulsión es el choque con resistencias que la vuelvan inoperante, delimitando así el estado de represión. Tal destino es esperable si su satisfacción entra en conflicto con otras exigencias. Requiere previo a su instauración la separación entre actividad conciente e inconsciente. Su esencia consiste en rechazar algo de la conciencia y mantenerlo alejado de ella. Represión e inconsciente son correlativos.

Distingue entre una represión primordial y una represión propiamente dicha. La primera consiste en que a la agencia representante psíquica de la pulsión le es denegado su acceso a la conciencia. Se establece así una fijación, permanece inmutable, y la pulsión queda ligada a ella. La represión propiamente dicha, en cambio, es la que recae sobre los retoños psíquicos de la agencia representante reprimida, o sobre los pensamientos que han entrado en contacto con ella.

La represión primordial ejerce una atracción sobre lo repelido por lo conciente, por lo cual son dos las fuerzas que colaboran en el proceso represivo, tal que puede afirmarse que no es reprimido algo que solamente lo sea por la conciencia.

La represión no impide que la agencia representante de la pulsión exista, forme retoños y anude conexiones en lo inconsciente., sólo perturba el vínculo con el sistema conciente.

La resistencia que lo conciente le opone a los retoños de lo reprimido, es función de su distanciamiento respecto de lo originalmente reprimido. Estas son las ocurrencias que le pedimos al paciente: en tanto alejadas de los retoños, acceden a la conciencia. También los síntomas neuróticos cumplen con esa condición de distanciamiento. La medida de esa distancia consiste en evitar una determinada intensidad más allá de lo cual lo inconsciente irrumpe hacia la satisfacción.

Además de la represión de una representación o grupo de representaciones, investidas por la pulsión con determinado monto de energía psíquica, está aquella que opera sobre el monto de afecto que compone la pulsión y que ha sido separado de la representación, que por medio de él encuentra, en términos cuantitativos, la expresión de sus procesos, registrados como afectos. Así, al hablar de represión deberemos situar el destino de la representación, por un lado, y el destino de la energía pulsional, por otro.

El destino general de la representación-representante de la pulsión es desaparecer de lo conciente, si antes accedió a ella, o permanecer coartada de la conciencia si estaba en vías de acceso conciente.

El factor cuantitativo de la agencia representante de la pulsión tiene tres destinos posibles, a saber: o bien es sofocado por completo, o bien sale a la luz bajo un afecto coloreado cualitativamente de algún modo, o bien se muda en angustia. Estos dos últimos revelan como destino pulsional la transposición de las energías pulsionales en afectos, particularmente, en angustia. La represión, aún cuando alcance la representación, fracasa si no consigue impedir sensaciones de displacer o angustia.

Respecto del otro eje del seminario, intervenciones en el recorrido de una política en una institución psicoanalítica, quisiera compartir con ustedes un ejemplo y algunos comentarios.

En otro texto[6] comenté que allá por 1994, a poco de mi ingreso en AEPA como adherente: “…recibí una intervención del Licenciado Martin que aún tiene sus efectos y que orientó y orienta mi práctica: había estado atendiendo varias consultas en la Guardia, a digamos el Sr. X, la Sra. B y el Sr. C, y en el libro de Guardia, donde asentábamos fecha, paciente, terapeuta, contenido de la entrevista, etc., había olvidado en las últimas semanas anotar, a veces mi nombre, otras el del paciente, la fecha (…); el Licenciado Martin me entregó una nota que decía: “…como usted es ampliamente conocido en la Institución, no es necesario que ponga fecha, terapeuta, paciente ni motivo de la consulta, no es necesario que ponga nada…” y lo firmaba el Secretario Científico[7].

En tanto analistas en una institución psicoanalítica, nuestro trabajo consiste en el relevamiento y discusión de las dificultades a las que nos enfrentamos, bajo las condiciones a las que nuestra práctica nos sujeta, es decir, bajo el marco teórico del psicoanálisis. ¿Es entonces una curiosidad que resistamos a ese trabajo?

En tanto sujetos del inconsciente no estamos más allá de los procesos que suponemos universales para nuestro pacientes, no podemos situar los obstáculos más allá de la persona del analista. En los distintos espacios institucionales donde participamos somos también objeto de lectura, puesto que escuchamos y somos escuchados por nuestros colegas. Los obstáculos se revelarán, en el terreno institucional, en el desempeño de cada quien respecto de las normas, el contrato, las rutinas diarias, los horarios, las formalidades, es decir, todo aquello que por su distancia respecto de lo supuestamente “importante” merezca el carácter de “trivial”. Y allí resistimos: no tiene nada que ver el libro de guardia con que me crea el centro del mundo, debo haberme dicho allá por el ’94.

Un analista interviene en el curso de un tratamiento, siguiendo los modos de una lógica de la cual la relación entre resistencia y represión es un ejemplo que quise acercarles en esta presentación. La dirección de la institución interviene desde una función prevista a los efectos de la conducción y habilitada por ello a lecturas del acontecer institucional. Pero en el recorrido de una política en una institución como AEPA, hoy las lecturas parecen gravitar más en el impacto subjetivo de las intervenciones, que en los obstáculos que señalan.

Cuando pretendemos que la vida personal quede por fuera de la profesional, tal que las dificultades a que nos enfrentamos no lo sean porque se refieren al ámbito de lo privado, ¿no se trata de resistencia? Las excepciones ¿no constituirían el refugio para la resistencia, en la medida en que allí se reuniría, bajo el mote de lo privado, el punto resistencial frente a las normas que pensamos como modo de estructurar una tarea?

Ciertamente, podríamos trabajar de otra manera, con otro marco teórico, otras modalidades, pero, bajo otras modalidades, ¿eliminaríamos los obstáculos o salvaríamos ese obstáculo que yo tengo ahora?

Me pregunto a dónde nos llevaría ocuparnos del obstáculo que la lectura de la resistencia nos revela.

 

 

 

[1] Los encomillados sin nota al pie se referirán exclusivamente a citas del texto de esta conferencia.

[2] S.Freud, “De la historia de una neurosis infantil”, Obras Completas, AE, tomo 17, pág. 12 supra

[3] S.Freud, “Sobre la dinámica de la transferencia”, Obras Completas, AE, tomo 12

[4] Véase también S.Freud, “La negación”, Obras Completas, AE, tomo 19, pág. 254

[5] S.Freud, “La represión”, Obras Completas, AE, tomo 14

[6] Mi trabajo de pase a Miembro Titular.

[7] Idem anterior.

 


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