AEPA 30º ANIVERSARIO

Por el Lic. Francisco Luzza. "Aquí estamos hoy, dándole una importancia quizá insensata a las décadas, que fijan un tiempo llegado, que nosotros queremos que sea de celebración; celebración de los encuentros..."

Francisco Luzza

 

 

 

Aquí estamos hoy, dándole una importancia quizá insensata a las décadas, que fijan un tiempo llegado, que nosotros queremos que sea de celebración; celebración de los encuentros.

Encuentro con otros que son invitados y testigos participantes de algunos pliegues de la historia de AEPA como institución.

30 años de un lazo de trabajo que se gestó alrededor de algunas ideas fundacionales y que ha pivoteado en lo asistencial, lo clínico, su valor diferencial de época y que ha orientado todo nuestro recorrido.

Un recorrido que ha llevado a diversas y distintas torsiones que han quedado como huella en la escritura de esa, nuestra historia.Escritura siempre pretendida como una tentativa de puesta a salvo, en el tiempo de los olvidos, de las voces que testimonian que allí estuvimos y así fuimos. Un modo de inscribir de donde venimos, para poder seguir averiguando hacia donde vamos.

Una escritura, que como proyecto, nos permita realizar un efecto de ligadura a la deriva de los analistas en su práctica.

El campo de experiencia abierta por las pretensiones iniciales que nos reunió para la ocasión llamada instituciónno tuvo pocos fracasos, pero debo ser justo en mi apreciación y también decir que hubo, algunos aciertos. Entre ellos y lo que no es poco decir, esa experiencia permitió que hubiera analistas, estén aquí hoy o no, en este encuentro de celebración.

Como ustedes imaginarán, 30 años de sostenimiento de un lazo de trabajo no nos ha evitado confrontarnos con muchas y variadas dificultades.Desde el narcisismo de las pequeñas y a veces no tan pequeñas diferencias, las susceptibilidades recíprocas del empantamiento imaginario, hasta el malestar de algunos o de todos, pasando por la indiferencia y hasta a veces, laindolencia en la no apropiación de un lugar, nos ha enseñado a trabajar con el obstáculo, con lo que no anda y seguramente tendremos que seguir sumando un trabajo constante en ello, ya que allí mismo se engendran las más variadas resistencias que no son disimulables.

También es cierto que frente a todas estas dificultades que atañen a todo grupo humano y que se especifican en su singularidad en una organización de analistas, siempre hubo una fuerte convicción deseante de avanzar y continuar creciendo, como analistas, como institución.

Una convicción fruto de la elaboración provocada por la obra de la transferencia que nos toca, en lo atinente a la cultura de la transmisión del psicoanálisis y a la formación del analista.

Por eso pese a que en 30 años hay algunos precipitados de saberes o de verdades que creen saberse, seguimos pensando que no ha lugar a la transferencia acrítica de saberes imaginarios, sino que debemos sostener el rotundo confrontar con el quehacer, un que hacer que se vuelve interrogante fecundo si se articula a un trabajo que no se eternice en la repetición y esté abierto a la verdad que pueda producir.

En algunas ocasiones la institución como espacio de trabajo ha sido un lugar donde se ha visto lastimada la alegría, por los duelos, los adioses, o lo real que atraviesa nuestras vidas. Pero el trabajo es nuestra fortuna y en el trabajo están en juego nuestros deseos.

Luego de 30 años, a veces debemos pelear contra esa familiaridad gastada, que como una sombra, está acompañándonos todos los días. Cotidianidad que debe renovarse en sus apuestas y en sus deseos, también todos los días.

En AEPA a pesar de las diferencias que puedo tener con mis colegas fundadores, titulares o adherentes, también es cierto que tengo, hemos tenido, muchas coincidencias.Por eso estamos hoy aquí, coincidencias que deben pensarse en el sostenimiento de objetivos estratégicos más allá de nuestras tácticas, estilos y políticas.

Para alguno de nosotros AEPA tiene de existencia más de la mitad de nuestras vidas y por supuesto gran parte de nuestra vida profesional, y tanto allí como en nuestros consultorios, hemos aprendido que lidiar con eso que piensa tenazmente que se llama inconciente, es cosa seria.Que no es nada sencillo trabajar desde la grieta por la cual el sufrimiento reclama por un simbolismo más eficaz, y que el acto analítico como corte en el goce que retiene al sujeto, al servicio del Otro que su fantasma sostiene, no es algo mágico y que se dé una vez y para siempre. Ese acto requiere de muchos otros hechos que lo posibiliten.

Entre alguno de estos hechos posibilitadores está lo que llamamos Institución.

Institución que debe tener como norte el sentido ético de nuestros actos y que la función de corte como sentido ético está inserta en la responsabilidad de cada uno en el ejercicio encarnado de la dirección institucional.

La función de corte y su práctica será la potencia que permita el advenimiento o el reencuentro de un deseo que produzca un acto de apropiación singular en la pertenencia institucional y en la inclusión en el discurso del psicoanálisis. Aun a riesgo de repetirme quiero agradecer a todos por estar hoy aquí, por ayudarnos a sostener con su presencia y su diálogo esa posición de interrogación que alcanza al ser dividido por el sexo y la muerte. Y nos permita seguir lidiando con ese azar constante, llamado muerte, para hacer posible que la vida tenga una brisa de poesía.

Eduardo Galeano alguna vez dijo: “Esa pequeña victoria de estar vivo, o sea, capaces de alegría “. Desde la posibilidad de esa alegría, también humedecida de recuerdos por algunos que ya no están, brindo con ustedes por estos 30 años de trabajo en relación al psicoanálisis.

Gracias por escucharme y por estar aquí.


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